LOS QUE VIVIMOS QUEREMOS DEJAR DE SER VASALLOS

Cada vez es más difícil sobrevivir, el mundo se ha convertido en un lugar terrible para la mayor parte de sus habitantes, resulta complejo no derrumbarse ante la cantidad de amargura que recorre la Tierra. Muchos podrán tacharme de pesimista, y puede que tengan razón, pero la situación es tan grave que no hay tiempo para ver el lado bueno las cosas. Ahora es momento de reflexionar y decidir qué hacer.

Hemos llegado a un punto como especie que la palabra civilización nos queda grande. Nos hemos corrompido y estamos en decadencia, nos dejamos llevar por la vida cómoda y apacible, hemos alimentado el cuerpo pero no el alma. Creíamos que la situación se iba a mantener, pensábamos que, aquí, entre el Atlántico y  el Mediterráneo la riqueza continuaría creándose al mismo ritmo, mirábamos con desprecio las penalidades del pasado, juzgamos con impunidad y pecamos de soberbia.

No aprendimos nada de la Historia, los valores que en ella prevalecieron están despreciados por nuestra eminente lógica. Ahora que ya no disponemos de la seguridad de los bolsillos llenos y la opresión es cada vez mayor, ahora, no tenemos refugio espiritual.

No sabemos sufrir, lo tuvimos todo ¡y no lo sabíamos! Todo se daba para nosotros, el porvernir más esperanzador nos esperaba, nosotros éramos los elegidos. Los que nacimos antes de la caída de la URSS llegamos a creer que nunca podríamos conocer una situación de despotismo semejante.

La humanidad ha conseguido grandes logros, pero olvidamos lo más básico, tener en cuenta nuestra propia naturaleza. No comprendimos que la política debe ser ejercida por hombres libres mediante la colaboración voluntaria. Cuando otorgamos el poder a un grupo de personas y permitimos, “legalmente”, que nos quitarán la libertad, nos olvidamos de una parte de nuestra esencia, la más peligrosa, no somos incorruptibles. La tentación de aumentar el propio beneficio personal, sea cual fuere, crece a medida que tienes a más personas bajo tu control.

Permitimos impunemente que nos sometieran bajo las leyes, nos hicieron creer que necesitamos ser gobernados y dejamos que aquellos que nos representan cometieran auténticas barbaridades contra nuestros semejantes y contra nosotros mismos.

Como era de esperar la corrupción moral se extendió como un cáncer desde la altas esferas del poder, crearon un sistema totalmente erróneo, al menos para la gran mayoría. Tuvieron ya demasiadas oportunidades y no han aprendido nada, volvemos a estar al borde del colapso. Si siguen actuando sin sensatez podemos llegar a conocer una gran crisis. La mayor de Occidente, y el caos se desatará. Puede que exagere, pero esto es lo que percibo.

En medio de este desconcierto provocado por los jefes de los estados del mundo y sus amigos, los empresarios más poderoso de la Tierra, estamos nosotros, una generación a la que ahora llama X, si ellos supieran… Lo tuvimos todo, es cierto, llegamos cuando este país empezaba a conocer la riqueza, muchos de nosotros hicimos lo necesario para alcanzar la meta, pero un día el camino se difuminó y todo  se desvaneció. Nuestro ánimo cambió, y el que ha conseguido ponerse a andar arrastra la pena de ver frustrados muchos presentes.

Siempre oí que de los sufrimientos más profundos se pueden sacar las más hermosas obras, y ese tiene que ser nuestro deber; sufrir, derrumbarnos si es preciso, salir más fuertes y revitalizados para tener el valor de parar esta vorágine. Debemos sacar lo mejor de nosotros mismos, luchar contra la pereza que provoca la dominación estatal y social. Nos toca aprender e ser fuertes y tratar de convertir la supervivencia en un acontecimiento más amable para la mayoría de los que habitamos en este planeta.

No es empresa fácil, el primer combate tiene lugar en nuestro interior. Creo que el mundo  mejorará a medida que los individuos mejoren, esa debe ser la clave. Claro está que cada persona tiene en mente una idea distinta de lo que suponer ser mejor, pero debemos ir a lo más práctico: la libertad y el respeto. Es preciso que todos seamos libres de nuevo, que tengamos la seguridad de poder ser independientes. Nuestra existencia tiene que ser un reflejo nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo. Pero la realidad nos pega como una bota en la cara, el  sacrificio y el empeño parecen carecer de valor, hemos construido una gran trampa para todos, y lo peor es que nosotros la mantenemos con nuestro dinero de papel.

La gran farsa del estado civilizado y democrático, el gran Occidente iluminado. Forjamos el Estado a sangre, fuego y dolor, caímos en la tolerancia al mal, y ahora pagamos las consecuencias de nuestra laxitud racional.

Es momento de decidir de que lado queremos estar cada uno, si a favor de la libertad o de la tiranía,  la elección no es sencilla. La tiranía confunde hasta las mentes más brillantes y trasforma la buenas intenciones,cuando las hay, en macabros hechos, infunde la debilidad a las almas. La tiranía es el Estado, una élite que puede decidir impunemente sobre las condiciones de la vida y de la muerte.

Los que vivimos queremos dejar de ser vasallos y para esto necesitamos que dejen tranquila nuestra economía, nuestra moral, nuestra educación….Es preciso asumir la responsabilidad que supone habitar este mundo, no puede haber más demora. La libertad total requiere fortaleza y valentía para alcanzar un nuevo tiempo, un tiempo más humano.

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