EL ESTADO NO ES SEGURO

La excusa de la seguridad es uno de los baluartes más empleados para la defensa del Estado como organización política necesaria para que reine la paz entre los individuos de una sociedad. Si bien es cierto que la seguridad total es una quimera imposible de alcanzar en este mundo, dejar a los Estados el monopolio de la defensa no tiene por qué ser la mejor opción para vivir en un mundo más pacífico.

La seguridad es un bien subjetivo, pero debido al poder comunicativo y propagandístico que emana de los Estados modernos pareciera tratarse de un concepto totalmente objetivo, aunque éste siempre estará definido desde la propia organización estatal. Jeffrey Hummel manifiesta que la seguridad es una noción puramente ideológica sostenida en la legitimidad que disfruta el Estado gracias al monopolio del uso de la fuerza y la coacción sobre los individuos.[i] En el caso del Estado español esta concepción de la seguridad y defensa se denomina Directiva de Defensa Nacional[ii], en Estados Unidos es la Estrategia Nacional de Seguridad (National Security Strategy)[iii] y, de esta manera, cada uno de los estados y democracias modernas trata de justificar y materializar este monopolio y “comunismo” en la producción de la seguridad.

Este planteamiento por parte de los Estados contradice el Derecho Natural que establece, por ejemplo, la libre competencia que generará reducción en los precios, y la primacía del interés del consumidor frente al productor, tal y como afirma Gustave de Molinari en su artículo “Sobre la Producción de la Seguridad”.[iv]

Cada uno de los Estados trata de dar forma a la idea de interés nacional a través de una noción que se identificó históricamente con el interés dinástico y tras la Revolución Francesa de 1789 con la raison d´etat.[v]

Admitir que existe un interés general o razón de estado para todos los individuos que componen una sociedad es una premisa que está muy alejada de la realidad, incluso si hablamos de seguridad y defensa, pues las necesidades de un habitante de la “Cañada de la Muerte” de Melilla poco tienen que ver con las de otro que viva en la Calle Serrano de Madrid, aun tratándose del mismo país.

Además, el interés que unos individuos (políticos en última instancia) determinan como nacional no tiene por qué coincidir con el interés de los gobernados; Duroselle asume que el interés nacional no es más que el interés de una determinada clase: “Vemos vivir a nuestro alrededor sociedades humanas infinitamente complejas y diversificadas, divididas no solamente en “clases”, sino también en “grupos de intereses”; y comprobamos continuamente que las aspiraciones de estas clases y de estos grupos son muchas veces contradictorias. (…) Es tal la contradicción entre los intereses de los grupos y de los individuos, dentro de un mismo Estado, que cuesta admitir la idea de un interés nacional objetivo. ¿No son, salvo casos excepcionales, los “intereses superiores del Estado”, invocados con tanta frecuencia, un simple medio de enmascarar intereses infinitamente menos nobles y, en todo caso, particulares?[vi]

La seguridad y la defensa son materias en las que el Estado trata de mantener el monopolio y se muestra extremadamente receloso a su liberalización y privatización y, como todas las áreas intervenidas por la planificación socialista, presenta serios problemas de cálculo: cómo definir el precio, la cantidad o calidad, o el mejor método a aplicar. Los recientes ataques terroristas en Alemania de diciembre de 2016, o el atentado de Niza en julio del pasado año, han puesto de manifiesto la falta de capacidad de adaptación que tiene los sistemas de seguridad europeos ante estas nuevas amenazas a pesar de la gran cantidad de recursos que se destinan a los Ministerios de Interior y Defensa.

Hayek afirmaba en La Fatal Arrogancia que es totalmente imposible que un grupo de planificadores pueda acceder a toda la información dispersa entre los diferentes individuos que componen una sociedad y, teniendo en cuenta que el orden social es espontáneo y evolutivo, este tipo de planificación estatal de la seguridad está incapacitada para resolver de la manera más efectiva posible los problemas que se generan en estas áreas sensibles de la convivencia humana. Además, el orden jerárquico que reina en las instituciones policiales y militares, donde en última instancia la decisión es tomada en base al criterio de un político (contradiciendo en algunas ocasiones a los expertos en la materia) que ejerce tal poder gracias al sistema clientelar que reina en las democracias, añade todavía más problemas a este método de proveer la seguridad y defensa a los ciudadanos.

Tanto la guerra como los fenómenos terroristas están en constante mutación, y el motivo último de este tipo de manifestaciones suele ser un conflicto de intereses con la oligarquía dominante, un grupo de personas organizadas que, en base a la idea de Estado, ejerce su poder sobre el resto de individuos. En el momento histórico actual (en el que el orden internacional se basa en un sistema anárquico) casi han desaparecido los conflictos directos a gran escala entre los Estados, ya que, el mayor riesgo, ahora, se traslada a las áreas donde existe un poder planificador efectivo y contrapoderes que tratan de conquistarlo en función de diversos intereses.

La lucha se traslada al interior de los Estados, de tal manera que llega también a pervertir el área de la justicia, por ser el Estado el proveedor de la misma. Hay millares de ejemplos: la guerra sucia contra ETA en la que el Estado español creó a los GAL, el ataque a los manifestantes en Derry durante el denominado Domingo Sangriento por parte del ejército británico, la guerra contra las drogas llevada a cabo en Colombia o México… no es preciso decir que los principales responsables de estas acciones salieron impunes.

Si bien es imposible elaborar ahora mismo un mecanismo de seguridad y defensa que substituya al Estado, por no haberse dado todavía las condiciones que faciliten el proceso de generación de información pertinente para lograrlo, lo cierto es que admitir la necesidad del control de la organización estatal en estas áreas no las exime de sufrir graves deficiencias debido al gran poder infraestructural que están alcanzando las alabadas democracias occidentales, ya que la mayoría de veces es el propio Estado el que crea los problemas que después tratará de resolver.

Ya lo advirtió hace tiempo Benjamin Franklin: “Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad”.

[i] Víd.:HUMMEL, Jeffrey: “The Will to be Free: The Role of Ideology in National Defense” en: HOPPE, Hans-Herman (ed.): The Myth of National Defense: Essays on the Theory and History of Security Production,Mises Institute, 2003, Alabama, pp.275-298

[ii] Directiva de Defensa Nacional en curso 1/2012 http://www.defensa.gob.es/defensa/politicadefensa/directivadefensa/

[iii] http://nssarchive.us/national-security-strategy-2015/

[iv] DE MOLINARI, Gustav: “Sobre la producción de Seguridad” en: Journal des Économistes, el 15 de febrero de 1849, http://www.liberalismo.org/articulo/261/240/produccion/seguridad/

[v] SONDERMANN, Fred “The Concept of the National Interest” en: SONDERMANN, Fred y OLSON, William (eds):The Theory and Practice of International Relations, Prentice Hall ,New Jersey 1966, p. 86

[vi] DUROSELLE, Jean-Baptiste; RENOUVIN, Pierre: Introducción a la Historia de las Relaciones Internacionales, S.L. Fondo de Cultura Económica Española, Madrid, 2000, p. 357

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