Austroliberalismo

Hybris Imperial: la derrota del intervencionismo occidental en el espacio postsoviético

Si la “historia del mundo desde el fin de la guerra mundial hasta fines de la década de los ochenta fue en buena medida, aunque no exclusivamente, la historia de las respuestas del sistema internacional a la revolución soviética”[1] ¿Cuál puede ser ahora el motivo de Occidente para desafiar a Rusia en la proximidad de sus fronteras?

Russian President Vladimir Putin enters ...Russian President Vla

Washington y Bruselas aúnan sus directrices políticas para lograr un repliegue de la influencia de Moscú en su “vecindad próxima” y evitar su fortalecimiento dentro del panorama internacional. La superación del modelo unipolar estadounidense que tanto Rusia como China están patrocinando, puede ser la causa que motive la hostilidad hacia el gobierno que preside Vladimir Putin.

Desde el Kremlin se entiende que un modelo multipolar es el mejor mecanismo para frenar el proceso de globalización occidental[2], y para conseguir una posición preeminente dentro de su área de influencia, su extranjero cercano: el espacio ex-soviético. Entendida en toda su amplitud, esta apuesta de transformación del orden internacional pasa necesariamente por el desplazamiento del dólar como divisa de referencia mundial.

Independientemente de la fuerte determinación de Moscú a la hora de continuar con su programa, hay una serie de condicionantes geoestratégicos necesarios para que este se materialice: Rusia necesita a Ucrania en su órbita para asegurar su supervivencia como potencia. Sin Ucrania, el Kremlin no podría proyectar su poder de manera efectiva en sus fronteras occidentales, y Minsk, otro pilar geopolítico fundamental podría escaparse de su influencia. Además, Ucrania es el punto de conexión de la infraestructura rusa en entre el Oeste y el Este en lo que respecta a ductos, carreteras y vías férreas[3]. En definitiva si Rusia no cuenta con parte de Ucrania no se podrá alcanzar el modelo multipolar.

Un plan arriesgado

El apoyo inmediato y contundente de Estados Unidos y la Unión Europea a los atrincherados en la Plaza de la Independencia de Kiev fue decisivo para acabar con la presidencia de  Víktor Yanukóvich, el anterior presidente ucraniano,  y frenar las aspiraciones de Rusia mediante las sanciones económicas. Como era de esperar, la reacción a la injerencia occidental se dejó sentir en el este del país y  comenzó una guerra de secesión cuando los rusos étnicos no reconocieron al nuevo gobierno de la Rada Suprema.

Tras una intervención estatal todos los sectores relacionados reaccionan. La reintegración de Crimea en la Federación Rusa, a la que siguieron iguales acuerdos con las regiones separatistas de Georgia, Osetia del Sur y Abjazia, fue la segunda consecuencia de esta intervención. Estos acuerdos ponen de relieve una transformación en la perspectiva que Rusia tenía acerca del derecho de autodeterminación: del rechazo frontal mostrado ante esta fórmula en Kósovo e incluso frente a aquellos territorios que pedían una reintegración en la Federación Rusa, como la República del Tradniestr, la propia Osetia del Sur y Sebastopol, las dinámicas intervencionistas occidentales han propiciado un cambio histórico en la visión que el Kremlin tiene sobre esta norma del Derecho Internacional.

La nueva interpretación del derecho de autodeterminación tiene una importancia transcendental en el caso de Rusia. El mayor país del mundo alberga a más de 176 grupos étnicos, y lógicamente existen numerosas tendencias centrífugas en el interior de la Federación, Chechenia es el caso más conocido, pero algunas regiones rusas como el Tartastán, Udmurtia, Yakutia, Komi, Karelia, Bahskiria o Osetia del Norte también llegaron a declarar su soberanía pocos meses después de la desintegración de la URSS.

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El camino emprendido por Putin cuando firmó el acuerdo con Crimea tiene una doble implicación: el presidente ruso deberá lidiar con los movimientos de autodeterminación internos, pero también puede ser una buena estrategia a la hora de retener parte de su influencia en el extranjero cercano y así truncar el intervencionismo occidental que ya ha fracasado parcialmente en Ucrania.

Más de 20 millones de rusos  viven en países de la órbita ex-soviética. A parte de la gran comunidad de rusos en Ucrania, Kazajstán, un punto geopolíticamente importante por su posición y grandes recursos, alberga a la segunda colectividad de rusos en un país extranjero. Las actuales relaciones entre Astaná y Moscú atraviesan una crisis importante tras el rechazo frontal del gobierno kazajo a la iniciativa rusa de crear una moneda única para la Unión Económica Euroasiática, es una de las primeras veces que Kazajstán  no secunda los planes de Rusia.

Si los aliados occidentales deciden continuar con la política intervencionista, la situación en este de Ucrania puede reproducirse en otros puntos de la frontera rusa en Asia Central y  desestabilizar esta región. A pesar de tales riesgos, Washington parece continuar con su ofensiva enviando emisarios a Armenia, Kirguistán y Uzbekistán para comprobar la fidelidad de sus líderes a Moscú y calibrar si estos territorios necesitan también sus “Revoluciones de Colores”. La apuesta estadounidense sube de nivel al implicar directamente a China, el país de los kirguises (donde Estados Unidos y Rusia tienen bases militares) hace frontera con la región musulmana de China, habitada por la etnia uigur con abiertas tendencias separatistas

La compleja herencia soviética

La planificación total era la fortaleza y el talón de Aquiles de la URSS. Más allá de los asuntos económicos, una de las primeras preocupaciones de Lenin fue la cuestión de las nacionalidades, un asunto de capital importancia teniendo en cuenta la diversidad étnica que integraba el Imperio Zarista. A pesar de todos los esfuerzos del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), su política de planificación de las nacionalidades fue aún más desastrosa que sus planes quinquenales.

La nomenklatura trató de crear una nueva idiosincrasia: la soviética. En su afán igualitarista quiso contrarrestar las tendencias secesionistas mediante las deportaciones (sobre todo en la época estalinista) y los cambios de fronteras internas. En 94 ocasiones[4] trasformaron la división interior de la Federación Soviética, aunque la mayoría de los cambios solo se reflejaron sobre el papel.  Cuando los líderes soviéticos firmaron el Acuerdo de Helsinki en 1975, mediante el cual se obligaba a los estados parte a respetar la integridad territorial y las fronteras, no imaginaban que pocos años después la URSS ya no existiría.

Como consecuencia de este Tratado, las divisiones del papel se transformaron en fronteras reales y más de 25 millones de rusos quedaron fuera del territorio ruso prácticamente de la noche a la mañana, conformando la mayor minoría étnica de Europa. El trato que estas minorías recibieron en sus nuevos estados no fue siempre el adecuado, Letonia y Estonia con sus leyes de ciudadanía son dos ejemplos de ello. Ante esta situación la  Constitución de la Federación Rusa prevé,  en el artículo 61.2,  que Rusia debe garantizar la defensa y el patrocinio de sus ciudadanos fuera de su territorio.

El “internacionalismo democrático” y la planificación de la política exterior

Si la antigua URSS apelaba al “internacionalismo proletario” para auxiliar a los Partidos Comunistas de otros países e intervenir indirectamente en sus asuntos internos, los gobiernos occidentales recurren a la democracia para posicionar a sus peones en el tablero geopolítico.

Ucrania  y  Libia son dos casos paradigmáticos de esta nueva modalidad de intervencionismo en nombre de la democracia. Ya no es preciso desplegar unidades militares para cambiar a un gobierno que no ceda ante las exigencias occidentales; las actividades de determinadas ONGs o Think Tanks (NED, USAID entre otras), la polarización social, la guerra propagandística y la diplomacia de las sanciones económicas pueden jugar un papel igual de decisivo que los ejércitos y los drones.

Sería interesante saber cuál puede ser el beneficio de estas acciones para los ciudadanos de los Estados Unidos y la Unión Europa, pues parece que las cuestiones de “seguridad global” y el “interés estatal” sólo son escusas tras las que se esconden jugosos beneficios para el lobbistas del estado. El intervencionismo estatal que genera cambios arbitrarios de gobiernos, conflictos armados y millares de muertos, está financiado por las sociedades “libres” y democráticas a través de los impuestos estatales.

La política exterior es un monopolio más del estado, en este caso, sobre la proyección externa de los pueblos del mundo. Desde la administración estatal se determinan una serie objetivos asociados con los “intereses superiores de la nación”, eufemismo con el que se trata “de enmascarar intereses infinitamente menos nobles, y en todo caso particulares[5]. Una vez que la meta está fijada llega el turno de planificar y ejecutar las acciones concretas.

Los problemas que se producen en la economía tras una intervención política se reflejan también en este ámbito de la acción humana. Los encargados de elaborar la política exterior están igual de incapacitados que sus homólogos economistas, para prever los efectos que cierta intrusión puede desencadenar en la totalidad de los sectores relacionados. Tampoco pueden controlar la variable temporal, es decir, las consecuencias futuras de una injerencia. Los desequilibrios que provocan las políticas intervencionistas en la economía: inflación, descontrol de precios y crisis económicas, se traducen en inestabilidades regionales, acciones terroristas y conflictos armados cuando se aplica la lógica austríaca a las relaciones internacionales actuales.

Aunque muchas de estas consecuencias sean deliberadamente buscadas, otras pueden ser contraproducentes para el estado que realiza la injerencia, y sobre todo para la población, que es la que siempre termina pagando los desmanes de los gobiernos.

El denominado blowback no es más que una repuesta inesperada a cierta intervención; el ejemplo más claro de este fenómeno fue el atentado contra las Torres Gemelas. Cuando el gobierno de Estados Unidos financió y apoyó  a los combatientes muyahidines para frenar la invasión soviética en Afganistán, era incapaz de pronosticar que este grupo sería el origen de Al Qaeda, la organización terrorista que derribó los dos edificios más emblemáticos del World Trade Center. Está claro que Occidente no aprende de su Historia más reciente, tratar de desestabilizar a Rusia y su zona de influencia conlleva el peligro de crear un problema real de seguridad global.

Puede que sea la experiencia de la Guerra Fría la responsable de  la visión triunfalista y la  fatal arrogancia con la que Occidente ataca a Moscú, pero los políticos occidentales no deben olvidar que Rusia no perdió la Guerra Fría, fue el Partido Comunista de la Unión Soviética el que sufrió la derrota.

[1] Halliday, Fred: Las relaciones internacionales en un mundo en transformación, Los libros de la Cátara, Madrid, 2002, p. 170.

[2] Makarichey, Andrey: “Rusia en un mundo multipolar: El papel de las indentidades y los mapas cognitivos” en: Revista CIDOB d´Afers Internacionals, nº96, 2011, pp.25-43.

Disponible en: http://www.cidob.org/es/content/download/30225/359332/file/25-44_ANDREY+MAKARYCHEY.pdf

[4] Ruíz González, Franciso J.: “Conflictos en el espacio postsoviético: situación actual y posible evolución” en: Boletín de Información nº319, CESEDEN, 2011, p.8.

[5] Duroselle, Jean-Baptiste; Renouvin, Pierre: Introducción a la Historia de las Relaciones Internacionales, S.L. Fondo de Cultura Económica Española, Madrid, 2000, p.357.

Artículo original en  Mises Hispano (miseshispano.org)

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¡ABAJO CADENAS!

Decía Simón Bolívar que para entender las revoluciones y sus actores, debemos observarlos de cerca y juzgarlos a gran distancia.

Tras quince años de revolución, la ciudadanía ha llegado a una encrucijada transcendental. Venezuela se debate entre un estatismo incapaz de aportar soluciones eficaces, una oposición dividida que no ejerce su papel de manera contundente y una violencia letal. Pero lo más peligroso de todo este proceso es que, irónicamente, en la patria del Libertador se está pisoteando deliberadamente la LIBERTAD.

Los venezolanos son rehenes de una riqueza que los ha dejado en la escasez. La caída de los precios del petróleo ha sido un golpe de realidad para un sistema instalado en la ficción de la ideología y la propaganda.

La actual situación de este país es el fruto de muchos factores, pero todos apuntan a la misma dirección: el proceso de expansión del poder del Estado, iniciado en 1999, a costa de la libertad y la riqueza de los ciudadanos.

Propaganda Oficialista en la Campaña Presidencial de 2012

Propaganda Oficialista en la Campaña Presidencial de 2012/ Miriam González

Hugo Chávez llegó a Miraflores con el objetivo de llevar a cabo una “revolución pacífica, pero armada” y no escatimó esfuerzos. Para romper con sus predecesores elaboró una nueva Constitución y poco a poco fue blindándose en el poder con la ayuda de sus juristas y con la Fuerza Armada como apoyo fundamental. Como la tendencia inherente del estado es traspasar continuamente los límites de la constitución[1] el actual presidente Nicolás Maduro ha obrado en consecuencia vapuleando la poca libertad que quedaba en Venezuela.

Crónica de una represión anunciada

Cuando un gobierno se siente amenazado, su lógica lo lleva a protegerse mediante el despotismo y la coacción. Una gran parte de la ciudadanía venezolana quiso frenar el creciente autoritarismo que emana del politburó del PSUV y fue aplastada sin miramientos. ¡Leopoldo López, líder del partido de la oposición Voluntad Popular, encabeza una lista de presos políticos que han sido encarcelados por protestar!

Leopoldo López . 2012

Leopoldo López dirigente de Voluntad Popular . 2012/ Miriam González

Y aún hay quien dirá que los estudiantes utilizaron la violencia, que las protestas fueron agresivas y que el Imperio está detrás de todo. Quien piense así no ha visitado la República Bolivariana de Venezuela.

No defiendo la violencia, siempre es preciso optar por las vías pacíficas; pero cuando vives en un país donde los asesinatos ya no causan extrañeza y están a la orden del día, donde el gobierno fomenta el clientelismo y la pobreza a toda costa, donde los funcionarios que no van a las “marchas” de la Revolución son automáticamente despedidos, donde el pequeño empresario está continuamente hostigado por la planificación central, y la libertad de información está cada vez más cercada… (Por no hablar de la escasez y la corrupción…) La salida de esta situación por la vía pacífica es poco esperanzadora ¿Verdad?

Los historia distorsionada

La revisión histórica fue una de las primeras medidas de la 5º República. Los estados tienden a legitimarse por la tradición y por los sucesos “gloriosos” que los gobiernos difunden en los libros de ciencias sociales. Un ejemplo claro es la manipulación que se ha está haciendo de los “padres” de la Independencia; Bolívar fue un oligarca terrateniente cuyas ideas fueron inspiradas por la Revolución Americana[2], y ahora, casi lo han convertido en el fundador del socialismo en el nuevo mundo[3]

La independencia de Hispanoamérica fue posible porque la OLIGARQUÍA criolla se cansó, y no sin razón, de las imposiciones de la corona española. A pesar de la distancia y mediante el contacto con el Romanticismo que emergía en Europa, esta clase social, rica y descendiente directa de los invasores, fue “formando un núcleo político en cada una de las naciones hispánicas. Fueron pensadores militantes procedentes de estas oligarquías, a menudo implicados en la acción militar debido a su papel político, los que lanzaron las grandes invocaciones románticas a la nación”[4]

Cuando la autoridad de la Corona fue desterrada, no fueron las clases populares las que dictaron el camino a seguir. Los resortes del poder fueron inmediatamente acaparados  por la oligarquía que había dirigido las guerras de Independencia, como siempre ha acontecido en todos los procesos revolucionarios.

Plaza Bolívar. Municipio Chacao. Caracas

Plaza Bolívar, Municipio Chacao. Caracas /Miriam González

Las reminiscencias de esta revoluciones fueron primordiales para la creación de un discurso de legitimidad estatal centrado en resaltar y propagar “la gran importancia de los ejércitos y  la idea de que la nación se debiera fundamentar sobre la imagen del heroísmo  [5]

La llegada de Chávez al poder no surgió de la nada, él era militar (¿casualidad?) y aterrizó en la Historia en un momento en el que Venezuela estaba siendo sometida nuevamente a la injerencia extranjera del infame FMI. Con toda la propaganda anterior fue lógico que alcanzase una victoria tan contundente. El nuevo slogan: Chávez es el pueblo (traducción: Chávez es Venezuela. La arrogancia no tiene límites), no es más que una reedición del discurso tradicional imperante en este joven y hermoso país. Pero en esta nueva ocasión tampoco el pueblo tomó el poder, lo acapararon unos pocos en detrimento de la mayoría. Esto es el Estado.

Los herederos

El Comandante dejó a una clase dirigente nefasta y sin escrúpulos. La presión a la que debió estar sometido en vida (aunque esto no lo absolverá) solo es posible entenderla ahora que se ven las verdaderas caras de los usurpadores de la libertad de los ciudadanos. Si Chávez siguiese vivo, por lo menos, hubiera ido él mismo a repartir la leche por la que hoy pelean los venezolanos. Estos ni eso.

Han destrozado la economía del país y no admiten que su modelo es incapaz de solucionar el desastre que ellos mismos han creado. En vez de promover la producción nacional, gastaron los dólares del pueblo en importar aquello que Venezuela es capaz de producir. Corrieron ríos de petróleo subvencionado (¡El petróleo del pueblo!)  para comprar voluntades, y ahora cuando una gran parte de los pueblos de la América Latina deberían devolverles el favor, miran para otro lado y permiten que sus gobiernos sigan apoyando al Régimen que condena a los venezolanos a la escasez y a la represión.

Son tiempos complejos, pero la libertad y la prosperidad volverán. Como dijo Chávez, ¡Estáis resueltos a ser libres! Libres de la revolución y la coacción: libres del Estado.

¡Gloria al Bravo Pueblo que el yugo lanzó!

REFERENCIAS:

[1] Calhoum, John C.: A Disquision on Goverment, Liberal Arts Press, New York, 1953, pp.25-27

[2] La familia de Bolívar provenía de La Puebla de Bolívar (Bizkaia) y pertenecía a la aristocracia de Caracas. El propio Simón Bolívar asistió a la coronación de Napoleón como Emperador victorioso de la Francia de la Revolución. Víd: Ramos, Demetrio: Simón Bolívar, Ediciones Folio S.A., Barcelona 2004, pp. 35-36.

[3] Oligarquía es una palabra muy conocida y familiar en Venezuela, el gobierno revolucionario se ha encargado de emplearla de manera constante para designar y demonizar a sus predecesores.

[4] Lacoste, Yves: Geopolítica, la larga historia del presente, Síntesis, Madrid, 2008, p.138

[5] Ibídem