Rusia

Rusia aplica la fórmula euroasiática en su política exterior y fortalece su alianza con Bachar Al-Assad

La intervención de Rusia en la guerra siria constata la seguridad del Kremlin en su programa de política exterior euroasiática. El eurasianismo es una teoría política propiamente rusa que se enmarca dentro de apuesta por la multipolaridad1 en la relaciones internaciones. La Federación Rusa, según los postulados eurasiáticos, se presenta como un polo de poder que puede llegar a consolidar la estabilización de Eurasia.
Se trata de un movimiento totalmente coherente dentro del discurso y la visión que Rusia tiene de su papel en el escenario internacional. La vía euroasiática se presenta desde Moscú como una apuesta por las relaciones internacionales basadas y encuadradas en las normas del derecho internacional y de los tratados; la intervención en Siria está destinada, según el gobierno ruso, a asegurar la estabilidad de la zona y lógicamente proteger sus propios intereses.

El gobierno de Vladimir Putin ha sabido aprovechar un momento clave para intentar reorientar la deriva de la actual política occidental en Oriente Medio. Mientras los representantes europeos debaten en reuniones fallidas sobre cuantos refugiados puede acoger cada uno de los estados miembros, y muestran a las audiencias europeas su incapacidad para gestionar todo aquello que no esté puramente planificado de antemano. Desde Rusia se apuesta por ir a la raíz del problema y acabar con la guerra mediante la alianza con el presidente Bachar Al Assad. La postura rusa se encuadra en la táctica intervencionista que fuera iniciada por Estados Unidos en su lucha contra el denominado terrorismo internacional, y se sustenta legalmente en sus tratados de seguridad con el estado sirio.

Atacan la embajada de Rusia en Siria por su apoyo a Al-Assad foto: EFE STR (LaNacion.com.ar)
A pesar de la contienda mediática en los países occidentales, las posibles nuevas sanciones a las que puede verse sometida su contraída economía y los diversos recursos de coacción del derecho internacional que pueden ser usados en su contra, el gobierno de Moscú ha asumido un papel proactivo en la región.

La estrategia rusa difiere sustancialmente da las últimas intervenciones occidentales en los conflictos surgidos a la raíz de las mal denominadas “Primaveras Árabes”, dónde el apoyo internacional a los “rebeldes” ha ocasionado serios problemas regionales, como en el caso libio y la expansión de la inseguridad a Malí tras los bombardeos franceses contra Gadafi .

Putin sigue una lógica clara en las dos dimensiones que implica la intervención de su ejército en el conflicto sirio. Por un lado, entiende que es preciso una alianza con las fuerzas que se integran dentro de la facción del presidente Al Assad para apuntalar la seguridad en el país y frenar el avance de los grupos terrorista Daesh y Al-Qaeda. Según el presidente ruso, esta es una premisa necesaria para estabilizar Siria y empezar un proceso de transformación política interna que ha sido revindicado claramente por los ciudadanos.

Por otra parte, el tablero internacional se balancearía hacia un nuevo reparto del poder en una región dominada por la correlación de fuerzas entre Arabia Saudí, Irán e Israel y sus aliados occidentales.
La participación del partido Baaz y de su presidente en una posible mesa de negociaciones para la resolución del conflicto es una garantía que podría asegurar la vocación laica y multiconfesional de Siria; dado que el propio Bachar Al Assad es miembro de una minoría religiosa (alawita) y Siria un país donde históricamente han convivido varias religiones y diferentes ramas del Islam. Si este marco llega a concretarse sería complejo que alguna facción wahhabita llegase al poder por la vía oficial y se estableciese en Damasco un poder colaboracionista con Ryad. Además, la Federación Rusa podría asegurar su preciada presencia en el Mediterráneo gracias a la base marítima que tiene en la ciudad siria de Tartus.

Base de Tartus Con una Siria estable, Irán, su aliado tradicional, se vería en una situación más ventajosa en la denominada Guerra Fría que sostiene con Arabia Saudí. El gobierno iraní, presidido por Hassan Rouhani, podría concentrase en sus asuntos internos (sin dejar de prestar atención a sus fronteras con Irak, Afganistán y Pakistán) y tratar de buscar solución a la crisis económica que sufre el país, dentro de un nuevo marco de distensión con Estados Unidos, establecido gracias al avance de las negociaciones de su programa nuclear. De esta manera, Teherán iniciaría un afianzamiento de su estatus regional, encaminado hacia su fortalecimiento como polo de poder proyectado hacia la concreción de un marco multipolar también defendido por China y la propia Rusia, que frene la política neoconservadora estadounidense en la región capitaneada por su aliado saudí.

La estrategia de Moscú busca alejar la influencia del atlantismo anglosajón en una región crucial para su seguridad y frenar el proceso de contención que la OTAN ha establecido de manera decisiva tras el golpe de estado en Ucrania y la posterior guerra de secesión que se mantiene en el este del país.
Es evidente que la intervención rusa va a generar una respuesta occidental, la probable reelección de Erdogán en Turquía afianza las posiciones de Estados Unidos y la UE en la región, pero el equilibrio de poder ya no es el mismo, y es complejo que la opinión pública occidental acepte de nuevo un apoyo oficial a los oponentes del régimen sirio entre los que se encuentran grupos terroristas.

Aunque los nostálgicos de la Guerra Fría puedan comparar el escenario sirio con la guerra de Corea, la diferencia es bastante importante; la economía estadounidense no muestra atisbos de transformar su política de expansión artificial del crédito y parece que seguir imprimiendo moneda y endeudarse es su única y apuesta, mientras Rusia podría romper esta tendencia volviendo al patrón oro y blindarse frente a la injerencia del dólar en su economía. El simple indicio de que algo así podría suceder es uno de los principales frenos para los planes occidentales de repliegue de la influencia regional de Rusia.
A la hora de analizar esta etapa de la política exterior rusa es preciso tener en cuenta todas las implicaciones, no solo las meramente formales. Más allá de la propia intervención, el Kremlin pretende mandar un mensaje a Occidente: Rusia sólo ha necesitado dos décadas para fortalecerse y su renovación le permite una mayor capacidad de maniobra, con lo que cualquier estrategia antirrusa basada en los preceptos que guiaron la Guerra Fría no va a ser correcta. Occidente no ha entendido que la actual Federación de Rusia no tiene más ideología en sus relaciones internacionales que sus propios intereses nacionales, no parte de una base desde la que intentar cambiar al mundo, si no que pretenden establecerse en el panorama internacional mediante el respeto a las normas del Derecho Internacional; al menos esa es su consigna.
Rusia ha aprendido de su propia historia la importancia de transmitir el mensaje adecuado en el momento clave; las consecuencias de su discurso y su coherencia pueden acelerar el proceso de transformación de un panorama internacional que se inclina hacia la multipolaridad que ellos defienden.


1La idea de multipolaridad que propugna la política exterior rusa no se corresponde con el concepto clásico de la teoría realista, que define este concepto como una “constelación de centros de poder autosuficientes que poseen amplios recursos materiales y que o bien se equilibran o se enfrentan entre ellos”; desde el Kremlin se interpreta esta noción como la superación de la idea de anarquía reinante en la comunidad internacional a partir de unas “relaciones institucionalizadas e inclusivas”, siendo el modelo multipolar el mecanismo mediante el cual hacer frente al proceso de globalización occidental. Vïd: MAKARYCHEY, Andrey: “Rusia en un mundo multipolar: El papel de las identidades y los mapas cognitivos” en: Revista CIDOB d´Afers Internacionals, nº 96, 2011, pp.25-43

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LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA URSS, UNA APROXIMACIÓN TEÓRICA

Contrariamente a lo que Lenin pensaba, la Unión Soviética pudo mantener el comunismo sin que la revolución mundial se alcanzase. La internacionalista teoría Lenin se evaporó y  la actuación soviética se concretó a  nivel microinternacional, es decir, con su política exterior. La deriva de los acontecimientos, sin embargo, la harían protagonista de los sucesos macrointernacionales que estuvieron a punto de acabar con la humanidad

Analizar la materialización de la proyección internacional de la URSS requiere necesariamente una aproximación a la concepción de política exterior, que no es obvia y exige un cierto grado de precisión.Es un error muy común identificar la política exterior de un Estado con la política exterior que desarrolla su gobierno[1] o presentarla dentro de un marco teórico desvinculado de la política interna. Calduch, define la política exterior “como aquella parte de la política general formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional”[2]

De esta definición se desprende que la política exterior incluye a todos los órganos estatales y sociales que tienen un protagonismo significativo en las relaciones que vinculan al Estado con otros actores estatales,  pero solo los estados pueden desarrollarla a través de sus gobiernos, debido a su capacidad jurídica, admitida por la sociedad intencional, y su capacidad política autónoma.

La definición de los objetivos de la política exterior se resuelve mediante un proceso decisorio[3], el procedimiento de toma de decisiones cuenta con cuatro fases: la informativa, la fase de evaluación (determinación de objetivos y medios), la fase de identificación o búsqueda de alternativas y la fase de selección de una opción. En la aplicación práctica se da un solapamiento de estas etapas.

Lógicamente en cada una de estas fases participarán diversos organismos de la realidad nacional, como los servicios de inteligencia, en el caso ruso el famoso KGB (Comité para la Seguridad del Estado / Комит́ет госуд́арственной безоп́асности ) los medios de comunicación, las ONGs… etc.

El interés nacional

La determinación de los objetivos de la política exterior se asocia con el interés nacional del estado, este concepto se identificó históricamente con el interés dinástico y tras la revolución de 1789 con la raison d´etat[4].

Admitir que existe un objetivo general para todos los individuos que componen una sociedad  es una premisa que está muy alejada del a realidad; además el interés que unos individuos determinan como nacional  no tiene por qué coincidir, y de hecho no suele hacerlo, con el interés de los gobernados.

Duroselle manifiesta que el interés nacional no es más que el interés de una determinada clase: “Vemos vivir a nuestro alrededor sociedades humanas infinitamente complejas y diversificadas, divididas no solamente en “clases”, sino también en “grupos de intereses”; y comprobamos continuamente que las aspiraciones de estas clases y de estos grupos son muchas veces contradictorias.(…) Es tal la contradicción entre los intereses de los grupos y de los individuos, dentro de un mismo Estado, que cuesta admitir la idea de un interés nacional objetivo. No son, salvo casos excepcionales, ¿los “intereses superiores del Estado”, invocados con tanta frecuencia, un simple medio de enmascarar intereses infinitamente menos nobles y, en todo caso, particulares?[5]

Un ejemplo de este interés grupal frente al interés de los individuos de la sociedad, se puede observar en numerosas decisiones de la nomenklatura soviética con respecto a la Cuba de Castro:

Mikoyan y Fidel Castro

Mikoyan y Fidel Castro

Las negociaciones de la retirada de los misiles de la isla caribeña se hicieron sin contar con la presencia de Fidel, convirtiendo a Cuba en un aliado complicado para la URSS. Mikoyan, un alto diplomático del PCUS aliado de Jrushchov, había acordado la compra de cinco millones de toneladas de azúcar cubano en 1960 al año, la cual se prolongaría durante el quinquenio siguiente, además de un crédito de 100 millones de dólares en concepto de ayuda. Pero en 1963 Fidel abandonó su plan de autarquía económica e hizo de la agricultura la base del desarrollo económico durante el resto de la década, concediendo al azúcar la mayor prioridad.

La nomemklatura, entonces, se vio obligada a sostener la economía de Cuba, importando mayores cantidades de azúcar;  el azúcar cubano tenía un precio superior al del mercado internacional. Se estima que hacia 1973 la Unión Soviética destinaba al gobierno de Fidel Castro 1.500.000 dólares diarios; la devolución de la deuda no se llegaría a concretar hasta  el siglo XXI[6]

Es poco probable que a un moscovita de la época le interesase la procedencia del azúcar, o  mantener, a ese precio, la alianza con Cuba. Quizás ni siquiera le interesase prolongar la Guerra Fría con EEUU, ni amparar al sistema burocrático que se sostenía con su trabajo y su dinero.

En cambio para los líderes soviéticos era de vital importancia geopolítica la alianza cubana para mantener presión sobre el gobierno de EEUU y legitimarse como líderes del bloque comunista. El problema de esta disparidad de intereses era que quien mantenía el sistema, el pueblo de Rusia, no tenía la capacidad para decidir qué era lo que se debía hacer con su esfuerzo productivo. Evidentemente esta situación se puede extrapolar a los estados democráticos occidentales.

Anatomía de la proyección exterior soviética

La política exterior la desarrollan personas concretas, el gobierno de cualquier estado está compuesto por individuos particulares que lógicamente buscan sus propios intereses, siendo el principal de ellos la permanencia en el poder y el control de la nación: esto no sólo pasaba en la URSS.

Los elementos “psicológicos (expectativas, ideología, sentimientos; etc,) de los agentes decisores ejercen una influencia en la percepción de la realidad internacional y en la adopción de la decisiones de política exterior. Esta es la base del modelo imagen-situación”[7].

La ideología y el régimen nacional que nace de ella son una influencia incuestionable en el comportamiento exterior de los actores estatales y sobre todo en la fase de ejecución de la política exterior. Kissinger ha establecido tres modelos básicos de ejecución en función de la organización político administrativa: el modelo ideológico representado por la URSS y la República Popular de China, el modelo revolucionario carismático materializado en los estados nacidos del proceso de descolonización  y el modelo burocrático pragmático de EEUU[8]

El modelo ideológico que, según Kissinger, seguía la URSS -en su administración- tiene vital importancia en su proyección exterior. Como ya había dispuesto Lenin: “para mayor seguridad de la  dirección del trabajo  colectivo, era precisa la subordinación de la voluntad de miles de hombres a la de uno solo” mediante este modelo todas las decisiones en política exterior serían tomados por un solo hombre, el Secretario General del Partido.

Stalin, el que fuera designado por Lenin, Comisario de las nacionalidades, optó por un modelo autonomista (como el que siguió la federación zarista[9]). Koba[10] consideraba que la concesión de autonomías era un trámite administrativo para conseguir el unitarismo socialista,[11] fundamentado en el papel mesiánico de Rusia.  El georgiano entendía que la incorporación de otras repúblicas al bloque comunista  era un símbolo de progreso. Las repúblicas, como por ejemplo las del Cáucaso, a las que Lenin había prometido la autodeterminación antes de la Revolución de Octubre, quedarían integradas de facto en la Federación Soviética.

En resumen, la política exterior debido a la configuración del estado soviético quedaría en manos del Secretario General del partido, donde se impondrá el modelo imagen-situación.  La actuación de la URSS fuera de sus fronteras fue elaborada, a través del modelo ideológico, por un minúsculo grupo de dirigentes que en última instancia acatarían las decisiones finales del líder. Esta situación se dio sobre todo con Stalin y Jushchov que acapararon el poder casi absoluto.

El vínculo fundamental entre la política interior y la exterior queda determinado por la función de adaptar el estado a su contexto externo y  acomodar las condiciones exógenas que inciden en el interior del sistema estatal.

REFERENCIAS

[1]CALDUCH, Rafael: “La política exterior de los estados,” en CALDUCH, Rafael: Dinámica de la Sociedad Internacional, cap. I, Editorial Ceura, Madrid,1993, p.1

[2]Ibíd. p. 3

[3] Renouvin y Duroselle afirman que: “Entre las múltiples actividades del político responsable, la más alta, la que justifica sus funciones, la que colma sus ambiciones, es la decisiónVíd: DUROSELLE, Jean-Baptiste; RENOUVIN, Pierre: op.cit. p. 465

[4] SONDERMANN, Fred “The Concept of the National Interest” en: SONDERMANN, Fred y OLSON, William (eds):The Theory and Pactice of International Relations, Prentice Hall ,New Jersey 1966, p.86

[5] DUROSELLE, Jean-Baptiste; RENOUVIN, Pierre: op.cit. p. 357

[6] EDMONDS, Robin: Política exterior soviética (1962-1973), Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977, p. 107.

[7] Víd: CALDUCH, Rafael: “La política exterior de los estados…”, op.cit. p. 7

[8] Víd:KISSINGER, Henry: La política exterior americana,  Plaza y Janés, Barcelona 1976, pp. 30-46.

[9] LEWIN, Moshe: El siglo soviético, Crítica S.A., Barcelona, 2006, p. 34

[10] Koba fue uno de los apodos que utilizó Stalin cuando desempeñaba su labor de revolucionario clandestino en el preludio de la Revolución de Octubre. Koba el temible es uno de los libros más clarificadores acerca del terror y el hambre que se desataron en Rusia con Lenin y que prosiguió de manera exagerada bajo el gobierno del terrible georgiano. Víd: AMIS, Martin: Koba el temible, la risa y los veinte millones, Anagrama, Barcelona, 2006

[11] LEWIN, Moshe:op.cit. p.34

LA PROYECCIÓN EXTERIOR DE LA FEDERACIÓN RUSA, LOS FUNDAMENTOS

La etapa inicial de la actual Federación Rusa  fue un período caótico, hubo cambios muy significativos en la organización estatal que dificultaron la concreción de un programa de acción exterior. Se ampliaron los contactos internacionales tras las apertura del país y tuvo lugar un aumento de la actividad  internacional de las administraciones regionales rusas. Necesitaban mantener su vínculo con aquellos territorios que ahora eran el extranjero.

Desde el Kremlim se llevó a cabo la desarticulización del aparato de propaganda soviético destinado a elaborar la imagen de la URSS fuera de sus fronteras; el país debía renacer y los nuevos tiempos exigían instituciones nuevas y también nuevos métodos para relacionarse con el mundo.

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En plena discusión sobre el camino que debería tomar el estado ruso en sus relaciones internacionales, surgen distintas corrientes políticas, en ellas se refleja en eterno debate de Rusia, entre Occidente y Oriente. Había que decidir cual debería ser el papel de Rusia en el nuevo sistema unipolar.

Las principales concepciones sobre la política exterior rusa son[1]:

Atlantista u Occidentalista: Este grupo afirma que Rusia es Europea; los atlantistas entienden que su páis debe tomar la vía de la integración hacia la economía mundial y  la comunidad de estados democráticos. Rusia debe ser europeizada para superar el atraso político, social y económico. El objetivo en política exterior debe ser articular una buena relación con Occidente, la incorporación a los principales organismo internacionales, y la consolidación de un entendimiento con Europa que le permita cooperar mutuamente.

Neoeruasiática: Su premisa es que Rusia no es ni Occidental ni Oriental, sino un puente entre ambos, invoca la visión mesiánica del país como el equilibrador entre las civilizaciones. Sostienen que el encuentro entre Europa y Eurasia es fundamental para el porvenir de la humanidad, la posición geopolítica de Rusia tiene mucho ver en este aspecto. La desintegración de la URSS ha traído consigo una crisis en la civilización euroasiática. La dirección de Rusia en política exterior debe dirigirse hacia Oriente. En Asia y el Pacífico está la solución, pues solo así podrá recuperarse y volver al status de gran potencia; aceptan la práctica de la cooperación con Occidente.

Nacionalismo ruso: Se oponen al atlantismo, son antioccidentales, manifiestan que tras la finalización de la Guerra Fría la única superpotencia que queda en pie son los Estados Unidos, este hecho influye de manera negativa en las relaciones internacionales. Rusia no debe integrarse en la economía  mundial y tiene que centrar su política exterior en el Tercer Mundo. Las aspiraciones que propugnan los atlantistas son calificadas por este grupo como una catástrofe nacional. Proclaman que Europa siempre fue enemiga de Rusia y que ahora trata de destruirla con las armas modernas: la democracia y los derechos humanos.

Realismo ruso: Es una concepción heterogénea,  donde hay elementos occidentalistas y  componentes geopolíticos que se muestran en la corriente del neoeurasianismo. Sostiene que Rusia debe adaptarse a la situación internacional que se está desarrollando de manera pragmática y realista. Los realistas apuestan por una política “flexible y equilibrada entre los centros de fuerza y la activa reestructuración de las relaciones que convengan a Rusia”[2]

[1]Víd: LAZÉBNIKOVA, Olga: “La política exterior de Rusia ante Occidente” en: Cuardernos del Este, nº 15, 1995, pp. 101-110

[2]Ibíd. p. 106

EL FIN DE LA UNIÓN SOVIÉTICA (Parte I)

“No temáis la grandeza” William Shakespeare.

La Federación Rusa aparece en la historia y sin apenas tiempo para asentarse tuvo que lidiar con una situación radicamente diferente a la que había conocido desde la II Guerra Mundial. La transición evidentemente no sería un asunto fácil, había que transformar todo el sistema administrativo, adecuarlo a la nueva realidad geográfica de Rusia[1] y también encontrar una nueva identidad nacional dado que el sovietismo era ya pasado. La cultura democrática no era el plato fuerte de los dirigentes del nuevo país.

La transformación económica del estado era la empresa más urgente, el sistema económico de planificación central heredado de la etapa anterior se mostraba ineficiente, no podía garantizar el crecimiento económico, ni estimular el sector productivo.  La política exterior sería la gran descuidada durante este período.[2]

Cuando la administración Yeltsin tomó las riendas del país, se pusieron en marcha toda una serie de reformas para revitalizar la economía, en el verano de 1990, curiosamente antes dela caída de la URSS, el G-7 encargó un informe que determinase las directrices que las autoridades rusas debían seguir para la adaptación del modelo socialista a una economía de mercado. Los autores teóricos de las reformas fueron: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo.

La propuesta resultante fue una copia del diseñado para la mayoría de los países latinoamericanos y del Tercer Mundo, aunque Rusia tenía  unas condiciones económicas y sociales muy diferentes a las de estos estados se terminó aplicando.[3] La materialización de estas medidas se conoció en Rusia como las reformas de Gaidar, fueron aprobadas por Yeltsin, y la opinión pública tuvo conocimiento de ellas cuando ya estaban en vigor.

Los resultados fueron nefastos, la inflación subió, los precios se dispararon, la producción disminuyó el 40%, la mortalidad aumentó un 16%, y la natalidad, uno de los grandes problemas de Rusia, descendió en un 16%, aumentaron las manifestaciones de ideologías extremas como el nacionalismo; el crimen organizado y la delincuencia brotaron y se expandieron.[4]

En definitiva, la crisis económica trajo una pérdida del potencial de Rusia, la humillación nacional y  un fuerte sentimiento antioccidental en un momento clave para la sociedad rusa, pues estaba comenzado a configurar su idiosincrasia; en el período correspondiente a 1989-1999 los análisis sociológicos rebelan que el pueblo ruso muestra “un impresionante auge de la mentalidad imperial y militarista y una pérdida de posiciones de los portadores de la mentalidad liberal[5]. El reparto de las propiedades del Estado fue una oportunidad de oro para un grupo reducido de individuos que vieron como sus fortunas se acrecentaban y fundaron una nueva clase muy influyente dentro de Rusia, la oligarquía, que tantos titulares otorgará a la prensa internacional tras la llegada de  Vladimir Putin, que la combatirá energicamente.

La nueva constitución aprobada el 12 de diciembre de 1993 se basa fundamentalmente en el poder ejecutivo presidencial y como consecuencia de ello el Presidente ostenta una gran acumulación de poder, la Duma queda relegada a un papel secundario.

La concepción de ciudadano ruso es un apartado muy significativo en la Constitución del país; la rápida e inesperada desintegración de la URSS dejó a miles de comunidades rusas fuera del territorio Federal de la noche a la mañana literalmente, de tal manera que la constitución de la Federación concede su ciudadanía todos los individuos rusos que se encuentren fuera de sus fronteras; en su artículo 62 establece que El ciudadano de la Federación Rusa puede tener ciudadanía de otro Estado (doble ciudadanía) conforme a la ley federal o al tratado internacional de la Federación Rusa”, y en el artículo anterior, 61.2 pone de manifiesto que “La Federación Rusa garantiza a sus ciudadanos la defensa y el patrocinio fuera de su territorio”[6]. El texto también indica que la política exterior será determinada por el presidente de la Federación.

La Federación Rusa heredó el status y los derechos de la Unión Soviética cuando la comunidad internacional reconoció a Rusia como el único sucesor de la URSS. Rusia continúa siendo miembro de Consejo de Seguridad de la ONU, participa  en la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, ha heredado todas las obligaciones de los Tratados ratificados por la URSS así como sus deudas, y mantiene relaciones diplomáticas con 178 países y sus embajadas están presentes en 140 Estados.

REFERENCIAS

[1]El nuevo estado ruso pasó de una superficie de 22.440.200 km2  a 17.075.400 km2. La configuración de las nuevas fronteras de la Federación Rusa supusieron la pérdida del 24% de territorio, a pesar de ello Rusia sigue siendo el país más grande de la Tierra. SERRA, Francesc: Rusia, la otra potencia, Fundació CIBOD, Barcelona, 2005, p.59

[2]PRUDNIKOV ROMEIKO, Valentina: “¿Continuidad o cambios en la política exterior de Rusia?” en: Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, nº 103, enero abril 2009, pp. 79-102

[3]ARBATOV, Georgi: “¿Una nueva guerra fría?”, en: Cuadernos del Este, nº 15, 1995, p.88 pp-87-93.

[4]Ibíd.

[5]SEDOV, Leónid: “De Lenin a Pedro I y  de Einstein a Napoleón” en : EL País, 8 de agosto de 1999

[6] Es tanta la importancia que desde el actual gobierno de Rusia se otorga a su concepto de ciudadanía que se inició un proyecto de ley, por parte del Servicio Federal Migratorio de Rusia y los departamentos involucrados, para simplificar los trámites a la hora de adquirir la ciudadanía del país. Víd: KORUTÚN, Lada: “Habrá menos barreras para recibir la ciudadanía rusa” en: La voz de Rusia,  21 de mayo de 2013.

UCRANIA MÁS ALLÁ DE LA GEOPOLÍTICA

Si el viejo Curzio Malaparte volviese a la actual Ucrania muy probablemente tendría que añadir un nuevo capítulo a su libro Técnica del Golpe de Estado. El derrocamiento del presidente Yanukovich mediante la instrumentalización de las manifestaciones ciudadanas es el ejemplo de un nuevo tipo de intervención en la política interna de los estados. Pero el “internacionalismo democrático” tiene sus costes[1], la ayuda no es gratuita y pronto la República de Ucrania tendrá que pagar la deuda que su actual gobierno ha solicitado a Occidente.

EFE

EFE

En la cumbre de Vilnius, Yanukovich rechazaba la oferta de la Unión Europea y acto seguido las manifestaciones de la Plaza de la Independencia de Kiev comenzarían a recibir el apoyo occidental[2]. La cuestión es saber cual pudo ser el motivo del repentino interés de la UE y de EEUU para atraer a Ucrania a la órbita occidental. El factor geopolítico es de capital importancia, pero, también cobra especial relevancia el componente económico. En este terreno hay varias posibilidades: los beneficios de la explotación de los recursos energéticos de Ucrania, el debilitamiento de la posición de Rusia y la defensa del dólar como la moneda mundial de referencia.

Rusia y Ucrania

La posición de Ucrania en el mapa hace que su vinculación con Rusia vaya más allá de una historia y una cultura compartida. Ucrania es una pieza fundamental para completar la estrategia de seguridad de Rusia en sus fronteras occidentales.

Sin Ucrania bajo su influencia, la Federación Rusa no podría crear una cobertura geoestratégica contundente en sus fronteras occidentales, sus vínculos geopolíticos con Europa y el Cáucaso serían demasiado inestables; el cambio de orientación del gobierno ucraniano le restaría fuerzas y sería un factor fundamental para desestabilizar su influencia sobre Bielorrusia, otro pilar geopolítico fundamental.

Además, Rusia no podría asegurar su supervivencia como potencia[3] y el gobierno de Putin estaría debilitado para poder continuar con su promoción de un modelo multipolar de las relaciones internacionales donde su país se perfila como “polo” de poder.

La multipolaridad que pretende Rusia se traduce en relaciones institucionalizas donde los acuerdos bilaterales y multilaterales marcarían la pauta para la organización de un sistema internacional regulado por las grandes potencias, de esta manera podrían frenar el proceso de globalización occidental[4], entendido en todos los sentidos, también en el económico, mediante un desplazamiento del dólar como moneda de referencia universal.

Rusia e Irán utilizarán sus monedas nacionales en los intercambios comerciales mutuos[5], China y Rusia también apuestan por el desplazamiento del dólar[6], y el pasado julio el conjunto de los BRICS acordaron la creación de su propio “banco”[7], que seguramente dejará a la moneda de referencia mundial a un lado. Si estas grandes potencias emergentes dejan de utilizar el dólar, y todo este excedente monetario vuelve a EEUU la inflación se dispararía de tal manera que el gobierno de Estados Unidos tendría que lidiar con el empobrecimiento general de su población y el problema de la financiación de estado a largo plazo. Una Rusia debilitada provocaría un retroceso en el cambio de paradigma monetario.

La independencia energética de Ucrania y Burisma Holding

La acusada supeditación energética de Moscú es uno de los puntos débiles de Ucrania, la idea de independencia energética fue una de las apuestas de depuesto presidente Victor Yanukovich. Según la  la Energy Information Administration de Estados Unidos, Ucrania ocupa el tercer puesto de las reservas de gas esquisito (shale gas) en Europa.[8] Mediante la técnica del franking, desarrollada principalmente por tecnología estadounidense, Ucrania podría ser independendiente en materia energética e incluso llegar a ser la competencia directa de Rusia en el mercado europeo.

Estas reservas despertaron el interés de grandes petroleras con las que Yanucovich había firmado varios acuerdos, los nombres son de sobra conocidos: Chevron tiene un contrato de 50 años de duración del gas esquisito del oeste de Ucrania, Royal Duch Shell y  la petrolera italiana ENI también han realizado sus inversiones en suelo ucraniano. Con respecto a los proyecto de extracción del gas en la península de Crimea, ExxonMobile, Repsol e incluso Petrochina se han interesado en realizar sus proyectos[9]..Los motivos para la anexión de Crimea además de históricos y étnicos son eminentemente estratégicos y económicos. No solo para que la mayor potencia continental que es Rusia tenga su salida a mares cálidos, si no para continuar asegurado que la empresa estatal Gazprom tenga una situación privilegiada en el mercado Europeo; la estabilidad de la economía rusa depende en gran medida de los beneficios de la exportación de recursos energéticos.

Hasta aquí todo parece encajar, pero resulta que tan sólo tres meses después de la caída de Yanukovich la mayor empresa de gas privado de Ucrania, Burisma Holding, nombra al hijo del vicepresidente Joe Biden[10] –el cual había exigido a Yanukovich el pasado 21 de febrero que retirarse a su policía, siendo más sencillo para los grupos atrincherados en Maidán ocupar los edificios oficiales de la República-  su consejo de administración. Según una investigación del Centro de Acción contra la Corrupción (ANTAC) de Ucrania la propiedad de Burisma Holding está vinculada a Privat Bank, entidad controlada por el oligarca  Ihor Kolomoysky[11], actualmente gobernador  de Dniproppetrovsk Oblast, una provincia del sur de Ucrania. Este curioso político de la Ucrania democrática ha sido asociado con la financiación  de fuerzas paramilitares que asesinaron a los rusos étnicos del este de Ucrania.

Otro acontecimiento curioso: Chevron patrocinó el pasado 13 de diciembre de 2013 una conferencia en el Club Nacional de Prensa en Washington, en la que la Asistente de la Secretaría de Estado para Europa, Victoria Nuland[12], (que había regresado de Kiev), se dirigió a influyentes empresarios internacionales, entre los que se encontraban ucranianos, para manifestar que Ucrania debería firmar un nuevo acuerdo con el FMI,  gracias al cual conseguiría que las inversiones extranjeras aumentaran.

Victoria Nuland en Kiev

Victoria Nuland en Kiev

La misma postura fue adoptada por la Unión Europea en sus conclusiones sobre Ucrania aprobadas por el Consejo Europeo el 20 de marzo de 2014  en las cuales insta al país “a recibir ayuda macro financiera y subraya que es esencial llegar a un acuerdo con el FMI (…) Los estados miembros de la UE están de acuerdo en coordinar sus posiciones con el FMI y por supuesto a realizar las reformas estructurales necesarias para poder mejorar la situación de su economía”[13]. Un acuerdo de Ucrania con el FMI o con la Unión Europea se traduciría en una gran influencia de estos actores en los asuntos de política doméstica, la indudable convivencia de la clase política con las grandes petroleras es evidente, y el “peligroso” fraking sería el último recurso de una economía derrumbada, lo que aportaría grandes beneficios a las petroleras debilitando a economía rusa. La ganancia geopolítica y económica sería del todo satisfactoria para los gobiernos occidentales.

Las sanciones a Rusia y el riesgo para la Eurozona

Las sanciones económicas a Rusia pueden dañar la Unión Europea, actualmente hay una gran exposición de los bancos franceses, alemanes e italianos  a los bancos rusos; es decir, si los bancos rusos se quedan sin dinero no podrán pagar a sus homólogos de la eurozona; aunque J.P. Morgan y Morgan Stanely afirman que el impacto puede ser menor, también alertan del peligro de que este impacto venga de los países de Europa Oriental, con lo cual el impacto económico sería más importante e incluso podría llegar a afectar a la endeudada economía norteamericana[14].

La situación económica de los países bálticos es problemática, la mayoría de sus empresas no se han diversificado y se proyectan hacia Rusia, que es uno de sus principales aliados comerciales[15], si Rusia decidiese romper sus acuerdos de comercio con estos países, su economía sufriría una peligrosa recesión que afectaría al resto de la Eurozona.

Los grandes ingresos que las multinacionales petroleras obtendrían gracias al fracking en suelo ucraniano y el daño que se ejercería sobre la economía rusa tanto económica como geopolíticamente son motivos suficientes para interpretar que detrás de los motivos que han llevado a Occidente a apoyar al movimiento anti-Yanukovich está el mantenimiento de actual modelo de las relaciones internacionales, que solo se puede sostener con un dólar fuerte que sirva de divisa de referencia mundial.

Referencias

[1] Entre otros ‘donantes’ que actúan en Ucrania y enumeran entre sus objetivos la promoción de la democracia y el apoyo de la sociedad civil en varios países, se encuentran el CIPE (Center for International Private Enterprise), que donó a Ucrania 359.945 dólares, el IRI (International Republican Institute) con un aporte a la democracia ucraniana de 250.000 dólares y el NDI (National Democratic Institute) que no escatimó en desembolsar unos 345.000 dólares para el país”.  Derrocar a un presidente requiere financiación, y curiosamente desde Estados Unidos y a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y otras instituciones vinculadas a la misma -a su vez conectadas con la CIA-  fluyeron las donaciones a Ucrania acompañadas de una campaña mediática internacional contra el presidente Yanukovich. Esta misma institución ya hizo circular dólares durante la guerra de los Balcanes para orquestar una campaña contra Milosevic. Véase: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/121969-eeuu-financiar-disturbios-

http://www.ronpaulinstitute.org/archives/featured-articles/2014/march/06/regime-change-blueprint-the-ned-at-work.aspx

[2] http://actualidad.rt.com/actualidad/view/113884-subsecretaria-eeuu-nuland-galletas-manifestantes-kiev

[3] Gutiérrez del Cid, Ana Teresa: “La Revolución Naranja en Ucrania y la estrategia de Rusia”,  Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, nº 97, 2007.

disponible en  //revistas.unam.mx/index.php/rri/article/view/18430

[4] Makarychey, Andrey: “Rusia en un mundo multipolar: El papel de las identidades y los mapas cognitivos” en: Revistad CIDOB d´Afers Internacional, nº 96, 2011, disponible en : http://www.cidob.org/ca/publicacions/articulos/revista_cidob_d_afers_internacionals/96/rusia_en_un_mundo_multipolar_el_papel_de_las_identidades_y_los_mapas_cognitivos

[5] http://actualidad.rt.com/economia/view/141964-rusia-iran-boicotean-dolar-estadounidense-comercio

[6] http://actualidad.rt.com/actualidad/view/146524-putin-rusia-monedas-acuerdos-china

[7] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/07/140714_economia_brics_nuevo_banco_jgc

[8]Polonia, Reino Unido y  Francia también disponen de tales recursos energéticos pero se niegan a explotarlos debido a las posibles consecuencias ambientales causadas por el fraking, el método que sería utilizado para la explotación de estas reservas

[9] http://consortiumnews.com/2014/04/24/beneath-the-ukraine-crisis-shale-gas/

[10] Sobre la polémica de la contratación de hijo de Joe Biden y personalidades cercanas al secretario de Estado John Kerry. http://time.com/2964493/ukraine-joe-biden-son-hunter-burisma/

[11] http://antac.org.ua/en/2012/08/kings-of-ukrainian-gas/

[12] http://www.informationclearinghouse.info/article37599.htm

[13] Conclusiones sobre Ucrania aprobadas por el Consejo Europeo 20 de marzo de 2014, disponible en: http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cms_data/docs/pressdata/es/ec/141715.pdf

[14] http://www.fundspeople.com/noticias/que-bancos-europeos-estan-mas-expuestos-a-rusia-132178

[15] Grigorjeva, Jekaterina: “Los países bálticos ante la crisis de Ucrania. Un escenario abierto”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Texto disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2014/DIEEEO69-2014_CrisisUcrania_J.Grigorjeva.pdf

LAS IMPLICACIONES INTERNACIONALES DE LA REVOLUCIÓN RUSA

LA SEXTA GRAN POTENCIA

Bien podría formularse la pregunta de por qué la política internacional no revolucionaria debería considerarse más normal que la revolución, dado que en la historia de la sociedad internacional ha estado divida bastante equitativamente entre las dos”[1]

El siglo XX ha sido definido por la filósofa alemana Hannah Arendt como un tiempo que se configuró entre las revoluciones y las guerras, sin embargo la disciplina de las Relaciones Internacionales no ha prestado tanta atención a las primeras como a las segundas[2].

Las Relaciones Internacionales comenzaron el estudio de la guerra con la creencia de que esta se debe a “una agresión decidida racionalmente por los Estados y no como la internacionalización del conflicto social”[3].El desarrollo teórico de la disciplina tras la incorporación de una visión anglosajona de la ciencia política ha confirmado esta tendencia[4].

Martin Wight entiende por revolución una transformación violenta del régimen dentro de un estado; añade que las repercusiones de esta a escala internacional no son accidentales,  más bien ilustran  un cierto grado de unidad en el sistema internacional, así, los cambios  que se den en un determinado estado se volverán una cuestión de interés para el resto de potencias. Estas revoluciones  no solo pretenden transformar el propio estado, están vinculadas a una serie de movimientos organizados que tratan de cambiar a la sociedad internacional como un todo[5].

Una vez configurado, el estado revolucionario, planteará un reto al sistema internacional;  parte de la política exterior de estos versará sobre un cambio en las relaciones  sociales y políticas con otros países, se considerarán con derecho y obligación de conducir sus políticas exteriores[6].

Toda revolución internacional genera una contrarrevolución, “la historia del mundo desde el fin de la guerra mundial hasta fines de la década de los ochenta fue en buena medida, aunque no exclusivamente, la historia de las respuestas del sistema internacional a la revolución[7] derivando en un conflicto intersistémico[8] conocido como  Guerra Fría.

La República Socialista Federativa Soviética de Rusia en plena concordancia con su naturaleza de estado revolucionario ha pretendido transformar el marco de las relaciones internacionales desde su fundación en 1922. La misión mesiánica de Rusia  mutó su  esencia religioso-ortodoxa para  renacer  bajo la máxima del internacionalismo proletario.

La URSS en 1922

La URSS en 1922

La  Revolución de Octubre tuvo su influencia innegable en  los dos niveles de análisis del fenómeno internacional; macrointernacional,  en su aspiración para alcanzar la revolución proletaria mundial en sus primeros años, como a nivel  microinternacional, basándose en el estatus autoproclamado de la URSS como guía de la revolución mundial la cual se alcanzaría a través de su política exterior, esta era la premisa, al  menos en teoría.

El nivel macrointernacional abarca las cuestionen concernientes a la sociedad internacional, es decir, analiza  las teorías que conciben las relaciones internacionales como un conjunto de interacciones de muy diversas clases y se ocupa del estudio de la naturaleza de esas interacciones  y su relación entre sí. El nivel microinternacional se centra en el análisis de los diferentes miembros que participan en la sociedad internacional. “Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o relación de algún actor internacional o de un reducido número de ellos”[9], cuando se desciende al nivel microinternacional, la política exterior de los estados es uno de los principales asuntos a abordar pues es el núcleo donde convergen la vida nacional y la realidad internacional. El politólogo estadounidense Kenneth Neal Waltz, en la misma línea argumental, aprueba esta división analítica distinguiendo entre las teorías reduccionistas y sistémicas; las primeras se “concentran en las causas a nivel individual o nacional”, y las segundas “conciben las causas a nivel internacional[10].

REFERENCIAS

[1] Martin Wight citado en: HALLIDAY, Fred: Las relaciones internacionales en un mundo en transformación, Los libros de la Cátara, Madrid, 2002, p.165

[2] Ibíd. p.157

[3] La tradición anglosajona en las relaciones internacionales es eminentemente realista, con lo que sólo observa el nivel microinternacional al ser los estados los principales actores de la sociedad internacional, los procesos macrointernacionales no son fundamentados teóricamente por esta tendencia. Ibíd. p.158

[4] Los realistas consideran a las revoluciones como un cambio de los intereses del estado y de su política exterior, un desequilibrio entre en el sistema internacional que debe ser controlado, el nivel macrointernacional no es analiza en la teoría realista clásica; para los behavioristas las revoluciones “forman parte del espectro de la violencia, y como los virus, pueden difundir la transnacionalidad, pero esta violencia se concibe en términos psicológicos”. Serán los materialistas históricos, y en concreto Marx el que critique los supuestos decimonónicos del equilibrio entre las cinco potencias advirtiendo que este sistema será barrido por “la sexta gran potencia: la revolución”. Fred Halliday hace un recorrido por las principales teorías de las Relaciones Internacionales para demostrar la poca implicación de estas en el estudio de las revoluciones internacionales. Ibíd. p.164 y ss.

[5] WIGHT, Martin: A política do poder , Editora Universidade de Brasilia, Sao Paulo 2002, p.122

[6]HALLADAY, Fred: op.cit. p.170.

[7]Ibíd. p.167

[8] “El conflicto intersistémico es una forma específica de conflicto interestatal e intersocietal, en que a las formas convencionales de rivalidad -militar, económica y política- se les suma una discrepancia global de normas políticas y sociales, lo que suele prestarles legitimidad (…) la cuestión del conflicto intersistémico está casi ausente de la discursión sobre la guerra fría”  Este conflicto solo se solventará con la exclusión de uno de los dos modelos. Ibíd. p. 210.

[9]Víd: CALDUCH, Rafael: Relaciones Internacionales, Ciencias Sociales, Madrid, 1991, p.31; REYNOLDS, Philip Alain: Introducción a la Política Internacional, Tecnos, Madrid, 1977, p. 16.

[10]WALTZ, Kenneth Neal: Teoría de la política internacional, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1988, p. 33

LA PROPAGANDA SOVIÉTICA, DZIGA VERTOV

“Si yo tuviera un único dólar lo invertiría en propaganda” Henry Ford

Los dirigentes de la Unión Soviética comprendieron rápidamente la necesidad y  los beneficios de la propaganda; sin embargo, ¿qué se entiende por propaganda? Domenach afirma que la “propaganda es polimórfica y usa recursos casi infinitos”[1], estamos ante una materia multidisciplinar y de vital importancia para todos los movimientos políticos que aspiren a tomar el poder. Martin Edwards ofrece esta definición:

“Propaganda es la expresión de una opinión o una acción por individuos o grupos, deliberadamente orientada a influir opiniones o acciones de otros individuos o grupos para unos fines predeterminados[2]

La propaganda era entendida en la URSS como un medio para la educación y un instrumento ideal para afianzar las características del nuevo hombre soviético. Se puede decir que la propaganda fue total y la corriente artística dominante era el “Realismo Socialista”. El cine fue una de las herramientas idóneas para la propagación del mensaje. “El padre del nuevo cine documental soviético fue sin duda Dziga Vertov, creador de la teoría “cine-ojo” o “kinoglaz”, que postulaba la captación de la realidad con un máximo de autenticidad prescindiendo de todo artificio.”[3] Dziga Vertov hace poesía con la cámara, sus planos unidos a una presentación totalmente vanguardistas muestran la calidad de la mirada de uno de los maestros de la propaganda.

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JUGUETES SOVIÉTICOS

Juguetes Soviéticos fue la primera película de Animación de la URSS, en este cortometraje Vertov caricaturizó los principales actores de la sociedad rusa. Con una desmesura audaz nos presenta al capitalista de descomunales proporciones corporales rodeado de comida y capaz de comprar voluntades gracias a su innoble riqueza.

La  deshumanización del prototipo capitalista se refleja en los ojos del obrero, la verdad revolucionara asoma bajo la mirada del proletariado ruso que comprende rápidamente que lo que de verdad se esconde tras el capitalismo personalizado es un cerdo.

La preferencia ideológica bolchevique hacia los obreros industriales se ve claramente reflejada en el film. El primer personaje “popular” que aparece y detecta el problema del capitalismo es el obrero que intentará “pisotear literalmente” la riqueza capitalista mediante los impuestos para el Estado. Ante la imposibilidad de realizar tal empresa en solitario, se une a él un campesino y en fraternal unión se fusionan para devolver al pueblo lo que “sagradamente” le pertenece.

La unión de ambas clases muestra la necesidad de caminar socialmente hacia una misma dirección, la individualidad de las clases trabajadoras sólo fomenta el triunfo del capitalismo, y el capitalismo es la expoliación del pueblo. El mensaje ideológico es sencillo pero enmarca una realidad superior, la del vasallaje individual al supuesto bienestar social. El dinero sustraído se dirige al “Banco del pueblo” un ente sin rostro y anónimo, siguiendo la doctrina marxista, la economía planificada es el fin último que debe perseguir el campesinado y el proletariado.

La iglesia también su espacio, y es invocada por el proletariado para sanar el alma capitalista, pero está lo traiciona y sirve al capital. Es preciso tener en cuenta la iglesia ortodoxa en Rusia es una de las fuerzas profundas[4] de la sociedad,  y la principal obstrucción para la consecución del hombre soviético. Las dos versiones de la Iglesia Ortodoxa se enfrentan rememorando las divergencias del cisma de los viejos creyentes, Vertov iguala a ambas versiones. La Iglesia también traiciona al poder soviético.

El ejército rojo aparece como el tercer elemento sobre el que se sustenta el poder del obrero, los soldados obedecen al obrero comunista, son masa, y la unidad del ejército y el pueblo es esencial para acabar con los opositores del régimen.La moral verdadera y ética la sostiene el ejercito bajo las órdenes de la clase obrera.

La sencillez y la exageración hacen de este cortometraje una pieza indispensable para comprender la lógica simbolista del propio Vertov. La oposición entre la colectividad como factor de estabilidad, justicia y en última instancia felicidad contra la individualidad que sólo ayuda a “los enemigos del pueblo”, marca la dirección social del régimen comunista. Refuerza el fin último que persigue el Partido de Lenin, la subordinación del pueblo a las instituciones soviéticas, que en última instancia están dirigidas por la élite del PCUS.

[1] DOMENACH, Jean-Marie: La propagande politique, Presses Universitaires de France, París, 1979, p.45

[2] EDWARDS, Violet: Group Leader´ s Guide to Propaganda Analysis. Nueva York, Columbia, University Press, 1938, p. 40

[3] PIZARROSO QUINTERO, Alejandro: Historia de la propaganda, Eudema S.A., 1993, p.273

[4] [4]Duroselle afirma que una  fuerza es una fuente dinámica que fija el carácter de las colectividades humanas, los valores forman parte de las fuerzas que actúan sobre las comunidades humanas “son ideas o sistemas de ideas por las cuales con mayor o menor entusiasmo, el hombre está dispuesto a sacrificar su interés personal”;una fuerza existe, pero no se le ve; no percibimos más que sus efectos”. DUROSELLE, Jean-Baptiste: Todo imperio perecerá, Teoría sobre las relaciones internacionales, Fondo de  Cultura Económica, México D.F., 1998