Expansionismo Ruso

LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte V)

El final de una dinastía

Catalina II (1762-1796) fue la gran continuadora de la obra imperial de Pedro I, la princesa alemana  se esforzó por dejar de ser extranjera e impregnarse del carácter ruso. Trató de impulsar la creación de instrucción pública y la reforma de la administración para fomentar la creación de un poder local y provincial. Ella misma redacto una legislación, el Nakaz”que empeoraba aún más las condiciones de  servidumbre de los rusos construirá la Universidad de Moscú y bajo su reinado irrumpe el periodismo en el imperio permitiéndose incluso la crítica social.Catalina impulsó el teatro y la música rusa, los literatos protegidos de Catalina serán Derjavine y Karamazin[1] y la creación más importante de ese tiempo fue la lengua literaria rusa. Catalina escribe con  Enciclopedistas de la talla de Diderot y potenciará la cultura del país.

Catalina II

Catalina II

En esta época Rusia dejará de ser un destino exótico y poco conocido para Europa, la emperatriz trató de que las ideas Europeas del XVIII penetrasen en el Imperio. Las influencias europeas en Rusia provenían de Francia en el ala cultural y Alemania en el terreno político.

Rusia compartía ya la dinámica de Europa, pero Catalina no quiso comprometer a su ejército en los asuntos del viejo continente, sin embargo apostaba por el entendimiento con el Imperio de Austria-Hungría y Prusia. Estas tres potencias se repartirán Polonia en 1772. Desde territorio polaco y a través del Tratado de Kuchuck Kainardji firmado en 1774 conseguirá establecer un punto estratégico en el Mar Negro. Crimea les será arrebatada a los otomanos en 1784, y estos emprenderán una guerra para recuperar sus territorios, Catalina saldrá victoriosa, y fundará Odessa.La emperatriz desarrollo la idea del “proyecto griego” retomando la idea de cruzada contra Constantinopla y la construcción del “Sacro Imperio greco-eslavo”, la ideología paneslavista tendrá su origen aquí.

Los zares del  siglo XIX fueron: Pablo I, Alejandro I, Nicolás I, Alejandro II, Alejandro III y NicolásII.
Alejandro I llevó a cabo la campaña contra la invasión de Napoleón al cual derrota, esta victoria  lo había situado como referente de la resistencia del Antiguo Régimen y lo catapulto a la gloria de Europa. Participó en la Santa Alianza mediante un tratado con Austria y Prusia, para tratar de recuperar a Europa del fervor revolucionario de los jacobinos. Tras el Congreso de Viena en 1815 anexionaría parte de Polonia, Besarabia y Finlandia. Este zar integró la totalidad de Georgia al  Imperio ruso en 1810.

Alejandro II tuvo que hacer frente a la guerra de Crimea, -la primera que se contó en los periódicos de la época- frente a la alianza entre franceses, otomanos e ingleses y al surgimiento del terrorismo nihilista contra el zarismo. Abolió la Servidumbre y el día que iba a promulgar un decreto para la creación de una constitución lo asesinaron los grupos terroristas, acto gracias al cual la revolución tuvo su oportunidad.

Nicolás II  fue el último zar, su derrota en la guerra contra Japón por el control de Manchuria fue un duro golpe psicológico para toda la nación,  la intervención en la I Guerra Mundial supuso un alto coste al pueblo ruso que ya ha había sufrido el golpe devastador del Domingo Sangriento en la Revolución de 1905.Con él yace la Tercera Rusia, el útimo sobernado de todas las Rusias no sobrevivirá para ver la cuarta.

El último Zar de todas las Rusias, Nicolás II

El último Zar de todas las Rusias, Nicolás II

La política exterior de los zares del XIX fue expansionista y también defensiva frente a las coaliciones occidentales que intentaron  frenar el avance del Imperio Ruso, quizás en este momento surge el temor en los estados occidentales a una invasión rusa en Europa.

Los zares que reinaron en el siglo XIX consiguieron grandes anexiones territoriales y fueron continuadores de la lógica expansiva de sus predecesores: llegaron al continente americano a través del estrecho de Bering y colonizaron Alaska, que posteriormente sería vendida a los Estados Unidos de América. El desencadenamiento de las guerras del siglo XIX permitieron que Rusia estuviera presente en los cinco continentes durante mayor o menor tiempo: Por Arthur (China, 1898-1905), Fort Ross (California 1812-1848), Kuai (Hawaii 1818-1819) Catarro (Montenegro, desde 1806 hasta el Tratado de Tilsit en 1807 cuando Nicolás I y Napoléon Bonaparte daban por acabada la guerra entre Rusia y Francia), en 1889 una pequeña expedición rusa llegaría a Somalia, posteriormente se retiraría.

El imperio ruso llegó a abarcar el actual territorio de Rusia y Ucrania. Bielorrusia, una parte del Polonia, Besarabia en Moldavia, la región del Cáucaso, Finlandia, la mayoría de Asia central y una parte de Turquía.

El Ancien Régime se mantenía en el país y aunque la modernización estaba en ciernes, nunca se cumpliría pues en 1917 tal y como redactó el magnífico periodista John Reed en su crónica sobre la Revolución bolchevique, Rusia estremeció al mundo. Otra revolución ha llegado y Vladimir Ilich Ulianov Lenin se pone a la cabeza de los Sóviets, se acaba la Rusia de San Petesburgo y Moscú recupera su trono, la cuarta Rusia es la primera de los rusos y rompe de nuevo con el período anterior en la política interna, aunque sus relaciones exteriores seguirán ciertas líneas de período zarista en su doble orientación hacia oriente y occidente.

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[1] Víd.: WEIDLÉ, Wladimir: Rusia Ausente y Presente. Emecé Editores, S.A, Buenos Aires 1950, p. 62

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LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte IV)

Los Romanov

Tras treinta años de anarquía que habían causado la miseria y una grave crisis económica, llegaría una nueva dinastía al trono de Rusia. Miguel Romanov[1] fue elegido para gobernar los designios de Rusia el 21 de julio de 1613. Moscovia se había convertido ya en un inmenso imperio multiétnico pero durante la “Smuta”  se habían destruido todas las estructuras comerciales y agrarias.

MIGUEL ROMANOV

MIGUEL ROMANOV

Entre 1620 y 1740 la expansión terrestre más dinámica de Europa fue obra del Imperio Ruso. En el transcurso de 100 años el dominio de los Romanov sobre el territorio pasaría de 5 millones de quilómetros cuadrados a 15. La ampliación territorial fue llevada a cabo por los comerciantes rusos mediante la construcción de una débil red que posteriormente se reforzaría. En 1600 ya había rusos más allá de los Urales.

La vanguardia encabezada por los mercaderes controlará las rutas fluviales del Yeniséi en 1620; en el transcurso de esa misma década alcanzaron el Lena y en torno a 1639 arribaron al mar de Ojotsk y al Pacífico. Las otras expediciones comerciales descubrirán el lago Baikal y el rio Amur conectando a los rusos con la China recién conquistada por los machús[2]. La anexión de Siberia se tornaba más lenta, las colonizaciones campesinas retardaban el proceso debido al bajo nivel demográfico que registraba ese territorio. La amenaza polaco-lituana persistía y para hacerle frente era necesario el control del oeste de Ucrania (= “tierra de frontera” en ruso, en la lengua ucraniana significa “Patria”) que gracias al Tratado de Pereslavl de 1654 se haría efectivo y Ucrania ya no podría ser absorbida por los polacos. La otra preocupación de los zares sería el imperialismo sueco. La política exterior histórica de Rusia se fundamentó básicamente en dos preceptos; mantener el control sobre sus fronteras y continuar la ampliación del imperio.

Durante la consolidación de esta gigante empresa colonial el zarato acometió importantes  reformas internas a partir de 1650. Los Romanov supieron aprovechar el miedo a la anarquía y a la invasión, consolidaron su poder en detrimento de la Iglesia ortodoxa aboliendo el patriarcado ortodoxo y el Zemski Sobor prácticamente no tenía función. Estas reformas concluyeron en el cisma de los “viejos creyentes” entre el pope Nikon, partidario de la reforma religiosa, y el acripreste Avakum que abogaba por el mantenimiento de las tradiciones[3]. La prohibición de la práctica religiosa que defendía Avankum se mantendrá hasta el siglo XX.

Pedro I

Pedro el Grande llegó al poder en 1682 y revolucionó Rusia de tal manera que parece anticipar el pasaje que viviría el país a partir de 1917. El cambio de capital materializaría la muerte de la Rusia de Moscosvia, a la que odiaba; Pedro ordenaría la construcción de una nueva capital que se edificó bajo la sangre de los más de 30.000 obreros que perecieron en su construcción.

Pedro I

                               PEDRO I

La tercera Rusia iniciaba su andadura desde San Petesburgo. Este cambio refleja la audacia del monarca, el traslado de la capital al borde del Neva orientaba a Rusia hacia los mares. Pedro pensaba que el vasto territorio ruso ofrecería al Imperio la posibilidad de mantener dos flotas para ejercer el poder marítimo que tanto ansiaba la mayor potencia continental por excelencia[4].

Pedro concluiría la obra imperial de Iván IV, y llevaría a los rusos a una modernización forzada. El zar impuso bajo el terror y la coacción el ideal al que su pueblo debía aspirar: ser menos rusos y más europeos. Obligaría a sus súbditos a suprimir los vestigios que los identificaban con sus raíces e incluso los ridiculizaría, implantó la moda alemana, prohibió las barbas tradicionales e importó la cultura europea. Pedro abrió el camino para que una élite más moderna y joven se infiltrase en los resortes de poder, lo que supondría un “adelanto” cultural, político y social.

El zar reformó sus fuerzas armadas ,occidentalizando el ejército a través de una tabla de rangos, consolidando así el poder en la figura del soberano ruso. Para asegurar la fidelidad de la nobleza, les cedió parte de las tierras conquistadas.

El déspota diseñaría la nueva Rusia mediante una revolución desde arriba. Se hizo otorgar el título de latino de Imperator y sus ideas políticas con respecto al imperio eran de origen romano. Rechazó el nombre de su padre, y mandó atormentar a su hijo el zarevich Aleksei hasta que falleció, al considerarlo traidor de Estado por mantener la fidelidad en su fe ancestral.

En política exterior no realizó ninguna innovación, enfatizó los progresos en las direcciones tradicionales de sus predecesores: al este, al sur y al oeste. Su obsesión con Europa lo llevará a participar en el desarrollo de los acontecimientos que vinculaban a las grandes potencias occidentales.

Sus logros principales fueron: conseguir la salida al Mar Báltico y acabar con la amenaza sueca. En 1709 venció a la resistencia ucraniana del este e infligió una dura derrota a Carlos XII de Suecia en la batalla de Poltava. En 1712 termina la guerra con Suecia, el ejército de Pedro I entra en Alemania y llega a las tierras de Dinamarca, al no conseguir el apoyo de Francia en sus aspiraciones danesas, cederá ante las presiones del rey Jorge I de Inglaterra. La importancia de este movimiento hacia occidente radica en que Pedro rompió el equilibrio de Westfalia.

Las conquistas del Imperator en la frontera occidental de Rusia permitieron al zar triplicar sus ingresos gracias a la incorporación de Estonia y Ucrania, además triplicó su capacidad productiva.[5]

Las campañas de Pedro se desarrollaron por también en Oriente; en 1715 envía un destacamento a la región del Caspio, y diseña un protectorado sobre Georgia y Armenia. En 1723 se apodera de Bakú y fija su interés, aunque no lo consigue, en el Turquestán, más allá del Cáucaso.

[1] Los Romanov no eran eslavos puros, sus raíces provenían de los borusos y pertenecían a la familia de los letones y lituanos, contaban además con una gran influencia germánica cuando se produjo la mezcla de sangre con los rusos. Se unieron al soberano de Moscovia cuando aún pertenecían a la clase de los boyardos. Víd.: DE REYNOLD, Gonzague: El Mundo ruso, la formación de Europa, Emecé Editores S.A, Buenos Aires 1951, pp.171-172

[2]Víd.: DARWING, Jonh:El sueño del imperio, auge y caída de las potencias globales 1400-2000, Santillana Ediciones Generales, S.A., Madrid, 2012, pp 144-145.

[3] Víd.: WEIWÉ, Wladimir: Rusia Ausente y Presente. Emecé Editores, S.A, Buenos Aires 1950 p. 60

[4] GALLOIS, Pierre: Geopolítica, los caminos del poder, Servicio de Publicaciones del EME, Madrid, 1992, p. 449

[5] Un ejemplo del aumento de la riqueza del imperio gracias a estas anexiones era el nivel de los impuestos. La carga impositiva en 1710 suponía el 64 por ciento de la cosecha de grano, lo cual ofrece una medida de aproximada del producto nacional y también las duras condiciones en las que sobrevivía el pueblo ruso. Víd:  DARWING, John: op.cit., p. 148