Lenin

El MARXISMO DE LENIN Y SU PROYECCIÓN EXTERIOR

“El Estado es el arma de represión de una clase sobre otra” Lenin

El agotado sistema zarista dio su último coletazo durante el Domingo Sangriento (el 22 de enero de 1905).  Cuando el padre Gapón organizó a los obreros  de San Petersburgo frente al Palacio de Invierno del Zar Nicolás II para solicitar reformas democráticas la repuesta del soberano se concretó en balas para los manifestantes.

La pérdida de Guerra contra Japón,  la influencia de las  ideas de la intelligenzia,  la falta de legitimidad del poder del Zar, y  la situación que el pueblo ruso había soportado durante toda su historia, fueron los factores determinantes  para la llegada de la Cuarta Rusia, la  Rusia de los rusos. El régimen soviético terminó siendo una analogía, salvando las distancias, del sistema zarista;  pues como relata Gonzague de Reynold: “una minoría que se ha adueñado de Rusia para organizarla según su plan (…) pero con la diferencia de que los nuevos conquistadores ya no son de origen extranjero; provienen de pueblos sometidos por el régimen precedente. Ellos empezaron por incitar a esos pueblos a la rebelión; ahora, los dominan, los oprimen, pero son ellos”[1]

Cada una de las Rusias anteriores se fundamentó  en una doctrina concreta de absolutismo; la Rusia de Moscú se fundamenta sobre la teología bizantina y la autocracia zarista , la de San Petesburgo sobre la filosofía, las luces y el despotismo ilustrado y la de los Soviets se asienta sobre el materialismo histórico y la dictadura del proletariado[2]; se da un refuerzo manifestado por la historia mediante el cual el mismo tipo de régimen pervive revestido con adecuaciones a la época, mientras el pueblo lo sufre y paga el alto precio de la revolución.

La Revolución se asentó en la visión que Vladimir Ilich Ulianov Lenin extrajo de la teoría marxista[3]. “Los revolucionarios encontraron en la teoría marxista una radicalización altamente conveniente para sus propios deseos instintivos. Les aportaba una justificación pseudocientífica a su impaciencia, a su negativa categórica a que existiera cualquier valor en el sistema zarista, a su anhelo de poder y de venganza y a su inclinación a tomar atajos en busca de este.[4]

Lenin disfrazado de obrero

Lenin disfrazado de obrero

Lenin creó una organización revolucionaria, el partido de nuevo tipo, sobre el que sustentaría el peso de la revolución, esta organización o  Partido debía inculcar a las masas proletarias “la conciencia socialista”; invirtiendo así la doctrina marxista de la autoemancipación del proletariado, y decantándose por la visión de Kautsky[5];  según la lógica del marxismo una revolución no se puede planear, se hace.[6]

La nueva élite rusa diseñó su propio modelo estatal mediante el cual se aseguraba el poder  y se aferraba a la ideología comunista como justificación. Plejanov sentenciaba  que  un partido marxista en Rusia  “no concederá libertades a nadie excepto a nosotros, solo la clase obrera gozaría de esas libertades y bajo la dirección de camaradas que han entendido bien la teoría de Marx y que deducen de ellas las conclusiones exactas[7]. Lenin concibió el socialismo como un asunto de  una élite dirigente, fundamentándose en la dictadura del proletariado, aunque exigió “que para mayor seguridad de la  dirección del trabajo  colectivo, era precisa la subordinación de la voluntad de miles de hombres a la de uno solo”[8]  de esta manera Lenin volvió a derribar la teoría marxista de autoliberación espontánea del proletariado.

Rusia vivirá bajo el mando de una nueva élite revestida de libertadora del pueblo, valiéndose de él para desatar la anarquía y aniquilar a la tercera Rusia. Lenin preparó el camino para que  el georgiano Josef V. Dzhugashvili Stalin gobernase lo designios del país. La ideología comunista rusa se convirtió en la religión obligada del pueblo, ahora bajo el mando de una nueva clase política.

De nuevo aparece la contradicción en Rusia, la marcha hacia el imperio se afianza y el desorden interno se vuelve casi insoportable, concretamente en los años treinta,  cuando las purgas de Stalin y su obsesión con la modernización forzada desgastaron aún más al pueblo.

Cuando el Partido de Lenin tomó el poder en 1917 no existía un programa concreto sobre la política exterior, los bolcheviques estaban convencidos de que la revolución mundial era inevitable debido a la fase imperialista en la que se encontraba en sistema capitalista. O por lo menos ese era el pronóstico de Lenin.

Lenin en la Plaza Roja el 1º de Mayo de 1919

Lenin en la Plaza Roja el 1º de Mayo de 1919

Vladimir Ilich adoptó la teoría de la “coexistencia pacífica” y  Rusia se convirtió en la guía para que los demás partidos comunistas iniciarán la Revolución en sus respectivos países. El estado soviético intentaría asegurar su supervivencia como principal objetivo de su política exterior y tuvo una actitud pacifista frente a otros estados, la urgencia de la revolución mundial pasó a un segundo plano. Esta tendencia se vio reforzada con un “conservadurismo que sobreviene naturalmente en todos los movimientos políticos después de que se ha adquirido y retenido el poder por un período determinado, por el cual el interés  de mantenerse en el poder del propio Estado-nación comienza a primar sobre la idea inicial de la revolución mundial[9].

El Partido Bolchevique siempre se opuso a la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial, el Comité Central decidió, cuando estuvo en el poder, acordar la paz con Alemania mediante el famoso Tratado de Brest-Litovks en 1918, lo que supuso grandes pérdidas territoriales para Rusia y el aislamiento de la Comunidad Internacional. “Lenin y los bolcheviques comenzaron su reinado no solo como un partido pacífico, si no virtualmente como un partido que defendía la paz a cualquier precio”[10] La guerra civil y la destrucción de las estructuras productivas del país obligaron a Lenin a implantar de nuevo un pseudocapitalismo: Nueva Política Económica (NEP) para poder sostener el estado.El comunismo de guerra, fue nefasto para la estructura productiva del país, de nuevo el pueblo se sacrificaba en pro de la élite que quería gobernarlos.

Polonia atacó Rusia en 1919 durante su guerra civil, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania declararon su independencia nacional; a partir de este momento la política exterior de la URSS se vincularía a la recuperación de sus fronteras anteriores antes de la Primera Guerra Mundial.

La política externa de esta primera etapa, igual que la de los zares, trataba de abarcar sus fronteras occidentales pero también las orientales. Los comunistas rusos impulsaron en 1920 el Congreso de los Pueblos de Oriente que sirvió para vincular a los bolcheviques con los movimientos de liberación de las colonias asiáticas. Uno de los organizadores del Congreso, Zioviev, sentenciaba: “la verdadera revolución estallara solamente cuando los ochocientos millones de asiáticos se unan a nosotros (…) debemos emprender una verdadera guerra santa contra los capitalistas británicos y franceses”[11] El calado de estas ideas tuvo un gran éxito en las zonas controladas por el imperio británico y permitió a la Unión Soviética mantener un comercio fluido con Turquía o Irán.[12]

La prematura muerte de Lenin dejó un vacío de poder en el Partido y condenó a Trotski al exilio y la muerte, la Secretaría General  fue ocupada tras diversas pugnas internas por Stalin; este sería junto a Churchill y Roosevelt el arquitecto de la Europa de bloques.

El camino hacia la revolución duro casi un siglo, en el gran siglo ruso se encuentran los orígenes de la Cuarta Rusia.

REFERENCIAS

[1]DE REYNOLD, Gonzague:El Mundo ruso, la formación de Europa, Emecé Editores S.A, Buenos Aires 1951,p. 379.

[2] Ibíd. p. 391.

[3] El marxismo ruso surgió fundamentalmente en Europa Central,  una comunidad  de emigrados rusos fundó en Ginebra la llamada asociación Emancipación del Trabajo, este primer grupo marxista apareció en 1883, el año de la muerte de Karl Marx. Guerguei V. Plejanov formó parte de él y fue una delas principales influencias de Lenin. Víd: RUBIEL, Maximilien: Stalin, Ediciones Folio S.A., Barcelona, 2004, p. 20.

[4] KENNAN, George F.: “Las fuentes de la conducta soviética” en: KENNAN, George F.: Las fuentes de la conducta soviética  y otros escritos, Grupo Editorial Latinoamericano, Buenos Aires, 1991 pp.129

[5] Íbid. p. 25

[6] Víd.:ULAM, Adam B.: Los bolcheviques, Ediciones Grijalbo S.A., Barcelona-Mexico D.F., 1969, p.152

[7] RUBIEL, Maximilen: op.cit. p.19

[8] Ibíd. p.14

[9]ROTHBARD, Murray: Hacia una nueva  libertad, Grito Sagrado, 2005, Buenos Aires, p.328

[10]Ibíd. p.329

[11]DE LA GUARDIA, Martín: “La revolución soviética y su impacto internacional. La URSS (1917-1929)” en: PEREIRA, Juan Carlos (coord.): Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas, cap. 13, Ariel, Barcelona, 2009, p. 310.

[12]Ibíd.

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LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte V)

El final de una dinastía

Catalina II (1762-1796) fue la gran continuadora de la obra imperial de Pedro I, la princesa alemana  se esforzó por dejar de ser extranjera e impregnarse del carácter ruso. Trató de impulsar la creación de instrucción pública y la reforma de la administración para fomentar la creación de un poder local y provincial. Ella misma redacto una legislación, el Nakaz”que empeoraba aún más las condiciones de  servidumbre de los rusos construirá la Universidad de Moscú y bajo su reinado irrumpe el periodismo en el imperio permitiéndose incluso la crítica social.Catalina impulsó el teatro y la música rusa, los literatos protegidos de Catalina serán Derjavine y Karamazin[1] y la creación más importante de ese tiempo fue la lengua literaria rusa. Catalina escribe con  Enciclopedistas de la talla de Diderot y potenciará la cultura del país.

Catalina II

Catalina II

En esta época Rusia dejará de ser un destino exótico y poco conocido para Europa, la emperatriz trató de que las ideas Europeas del XVIII penetrasen en el Imperio. Las influencias europeas en Rusia provenían de Francia en el ala cultural y Alemania en el terreno político.

Rusia compartía ya la dinámica de Europa, pero Catalina no quiso comprometer a su ejército en los asuntos del viejo continente, sin embargo apostaba por el entendimiento con el Imperio de Austria-Hungría y Prusia. Estas tres potencias se repartirán Polonia en 1772. Desde territorio polaco y a través del Tratado de Kuchuck Kainardji firmado en 1774 conseguirá establecer un punto estratégico en el Mar Negro. Crimea les será arrebatada a los otomanos en 1784, y estos emprenderán una guerra para recuperar sus territorios, Catalina saldrá victoriosa, y fundará Odessa.La emperatriz desarrollo la idea del “proyecto griego” retomando la idea de cruzada contra Constantinopla y la construcción del “Sacro Imperio greco-eslavo”, la ideología paneslavista tendrá su origen aquí.

Los zares del  siglo XIX fueron: Pablo I, Alejandro I, Nicolás I, Alejandro II, Alejandro III y NicolásII.
Alejandro I llevó a cabo la campaña contra la invasión de Napoleón al cual derrota, esta victoria  lo había situado como referente de la resistencia del Antiguo Régimen y lo catapulto a la gloria de Europa. Participó en la Santa Alianza mediante un tratado con Austria y Prusia, para tratar de recuperar a Europa del fervor revolucionario de los jacobinos. Tras el Congreso de Viena en 1815 anexionaría parte de Polonia, Besarabia y Finlandia. Este zar integró la totalidad de Georgia al  Imperio ruso en 1810.

Alejandro II tuvo que hacer frente a la guerra de Crimea, -la primera que se contó en los periódicos de la época- frente a la alianza entre franceses, otomanos e ingleses y al surgimiento del terrorismo nihilista contra el zarismo. Abolió la Servidumbre y el día que iba a promulgar un decreto para la creación de una constitución lo asesinaron los grupos terroristas, acto gracias al cual la revolución tuvo su oportunidad.

Nicolás II  fue el último zar, su derrota en la guerra contra Japón por el control de Manchuria fue un duro golpe psicológico para toda la nación,  la intervención en la I Guerra Mundial supuso un alto coste al pueblo ruso que ya ha había sufrido el golpe devastador del Domingo Sangriento en la Revolución de 1905.Con él yace la Tercera Rusia, el útimo sobernado de todas las Rusias no sobrevivirá para ver la cuarta.

El último Zar de todas las Rusias, Nicolás II

El último Zar de todas las Rusias, Nicolás II

La política exterior de los zares del XIX fue expansionista y también defensiva frente a las coaliciones occidentales que intentaron  frenar el avance del Imperio Ruso, quizás en este momento surge el temor en los estados occidentales a una invasión rusa en Europa.

Los zares que reinaron en el siglo XIX consiguieron grandes anexiones territoriales y fueron continuadores de la lógica expansiva de sus predecesores: llegaron al continente americano a través del estrecho de Bering y colonizaron Alaska, que posteriormente sería vendida a los Estados Unidos de América. El desencadenamiento de las guerras del siglo XIX permitieron que Rusia estuviera presente en los cinco continentes durante mayor o menor tiempo: Por Arthur (China, 1898-1905), Fort Ross (California 1812-1848), Kuai (Hawaii 1818-1819) Catarro (Montenegro, desde 1806 hasta el Tratado de Tilsit en 1807 cuando Nicolás I y Napoléon Bonaparte daban por acabada la guerra entre Rusia y Francia), en 1889 una pequeña expedición rusa llegaría a Somalia, posteriormente se retiraría.

El imperio ruso llegó a abarcar el actual territorio de Rusia y Ucrania. Bielorrusia, una parte del Polonia, Besarabia en Moldavia, la región del Cáucaso, Finlandia, la mayoría de Asia central y una parte de Turquía.

El Ancien Régime se mantenía en el país y aunque la modernización estaba en ciernes, nunca se cumpliría pues en 1917 tal y como redactó el magnífico periodista John Reed en su crónica sobre la Revolución bolchevique, Rusia estremeció al mundo. Otra revolución ha llegado y Vladimir Ilich Ulianov Lenin se pone a la cabeza de los Sóviets, se acaba la Rusia de San Petesburgo y Moscú recupera su trono, la cuarta Rusia es la primera de los rusos y rompe de nuevo con el período anterior en la política interna, aunque sus relaciones exteriores seguirán ciertas líneas de período zarista en su doble orientación hacia oriente y occidente.

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[1] Víd.: WEIDLÉ, Wladimir: Rusia Ausente y Presente. Emecé Editores, S.A, Buenos Aires 1950, p. 62