Macrointernacional

LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA URSS, UNA APROXIMACIÓN TEÓRICA

Contrariamente a lo que Lenin pensaba, la Unión Soviética pudo mantener el comunismo sin que la revolución mundial se alcanzase. La internacionalista teoría Lenin se evaporó y  la actuación soviética se concretó a  nivel microinternacional, es decir, con su política exterior. La deriva de los acontecimientos, sin embargo, la harían protagonista de los sucesos macrointernacionales que estuvieron a punto de acabar con la humanidad

Analizar la materialización de la proyección internacional de la URSS requiere necesariamente una aproximación a la concepción de política exterior, que no es obvia y exige un cierto grado de precisión.Es un error muy común identificar la política exterior de un Estado con la política exterior que desarrolla su gobierno[1] o presentarla dentro de un marco teórico desvinculado de la política interna. Calduch, define la política exterior “como aquella parte de la política general formada por el conjunto de decisiones y actuaciones mediante las cuales se definen los objetivos y se utilizan los medios de un Estado para generar, modificar o suspender sus relaciones con otros actores de la sociedad internacional”[2]

De esta definición se desprende que la política exterior incluye a todos los órganos estatales y sociales que tienen un protagonismo significativo en las relaciones que vinculan al Estado con otros actores estatales,  pero solo los estados pueden desarrollarla a través de sus gobiernos, debido a su capacidad jurídica, admitida por la sociedad intencional, y su capacidad política autónoma.

La definición de los objetivos de la política exterior se resuelve mediante un proceso decisorio[3], el procedimiento de toma de decisiones cuenta con cuatro fases: la informativa, la fase de evaluación (determinación de objetivos y medios), la fase de identificación o búsqueda de alternativas y la fase de selección de una opción. En la aplicación práctica se da un solapamiento de estas etapas.

Lógicamente en cada una de estas fases participarán diversos organismos de la realidad nacional, como los servicios de inteligencia, en el caso ruso el famoso KGB (Comité para la Seguridad del Estado / Комит́ет госуд́арственной безоп́асности ) los medios de comunicación, las ONGs… etc.

El interés nacional

La determinación de los objetivos de la política exterior se asocia con el interés nacional del estado, este concepto se identificó históricamente con el interés dinástico y tras la revolución de 1789 con la raison d´etat[4].

Admitir que existe un objetivo general para todos los individuos que componen una sociedad  es una premisa que está muy alejada del a realidad; además el interés que unos individuos determinan como nacional  no tiene por qué coincidir, y de hecho no suele hacerlo, con el interés de los gobernados.

Duroselle manifiesta que el interés nacional no es más que el interés de una determinada clase: “Vemos vivir a nuestro alrededor sociedades humanas infinitamente complejas y diversificadas, divididas no solamente en “clases”, sino también en “grupos de intereses”; y comprobamos continuamente que las aspiraciones de estas clases y de estos grupos son muchas veces contradictorias.(…) Es tal la contradicción entre los intereses de los grupos y de los individuos, dentro de un mismo Estado, que cuesta admitir la idea de un interés nacional objetivo. No son, salvo casos excepcionales, ¿los “intereses superiores del Estado”, invocados con tanta frecuencia, un simple medio de enmascarar intereses infinitamente menos nobles y, en todo caso, particulares?[5]

Un ejemplo de este interés grupal frente al interés de los individuos de la sociedad, se puede observar en numerosas decisiones de la nomenklatura soviética con respecto a la Cuba de Castro:

Mikoyan y Fidel Castro

Mikoyan y Fidel Castro

Las negociaciones de la retirada de los misiles de la isla caribeña se hicieron sin contar con la presencia de Fidel, convirtiendo a Cuba en un aliado complicado para la URSS. Mikoyan, un alto diplomático del PCUS aliado de Jrushchov, había acordado la compra de cinco millones de toneladas de azúcar cubano en 1960 al año, la cual se prolongaría durante el quinquenio siguiente, además de un crédito de 100 millones de dólares en concepto de ayuda. Pero en 1963 Fidel abandonó su plan de autarquía económica e hizo de la agricultura la base del desarrollo económico durante el resto de la década, concediendo al azúcar la mayor prioridad.

La nomemklatura, entonces, se vio obligada a sostener la economía de Cuba, importando mayores cantidades de azúcar;  el azúcar cubano tenía un precio superior al del mercado internacional. Se estima que hacia 1973 la Unión Soviética destinaba al gobierno de Fidel Castro 1.500.000 dólares diarios; la devolución de la deuda no se llegaría a concretar hasta  el siglo XXI[6]

Es poco probable que a un moscovita de la época le interesase la procedencia del azúcar, o  mantener, a ese precio, la alianza con Cuba. Quizás ni siquiera le interesase prolongar la Guerra Fría con EEUU, ni amparar al sistema burocrático que se sostenía con su trabajo y su dinero.

En cambio para los líderes soviéticos era de vital importancia geopolítica la alianza cubana para mantener presión sobre el gobierno de EEUU y legitimarse como líderes del bloque comunista. El problema de esta disparidad de intereses era que quien mantenía el sistema, el pueblo de Rusia, no tenía la capacidad para decidir qué era lo que se debía hacer con su esfuerzo productivo. Evidentemente esta situación se puede extrapolar a los estados democráticos occidentales.

Anatomía de la proyección exterior soviética

La política exterior la desarrollan personas concretas, el gobierno de cualquier estado está compuesto por individuos particulares que lógicamente buscan sus propios intereses, siendo el principal de ellos la permanencia en el poder y el control de la nación: esto no sólo pasaba en la URSS.

Los elementos “psicológicos (expectativas, ideología, sentimientos; etc,) de los agentes decisores ejercen una influencia en la percepción de la realidad internacional y en la adopción de la decisiones de política exterior. Esta es la base del modelo imagen-situación”[7].

La ideología y el régimen nacional que nace de ella son una influencia incuestionable en el comportamiento exterior de los actores estatales y sobre todo en la fase de ejecución de la política exterior. Kissinger ha establecido tres modelos básicos de ejecución en función de la organización político administrativa: el modelo ideológico representado por la URSS y la República Popular de China, el modelo revolucionario carismático materializado en los estados nacidos del proceso de descolonización  y el modelo burocrático pragmático de EEUU[8]

El modelo ideológico que, según Kissinger, seguía la URSS -en su administración- tiene vital importancia en su proyección exterior. Como ya había dispuesto Lenin: “para mayor seguridad de la  dirección del trabajo  colectivo, era precisa la subordinación de la voluntad de miles de hombres a la de uno solo” mediante este modelo todas las decisiones en política exterior serían tomados por un solo hombre, el Secretario General del Partido.

Stalin, el que fuera designado por Lenin, Comisario de las nacionalidades, optó por un modelo autonomista (como el que siguió la federación zarista[9]). Koba[10] consideraba que la concesión de autonomías era un trámite administrativo para conseguir el unitarismo socialista,[11] fundamentado en el papel mesiánico de Rusia.  El georgiano entendía que la incorporación de otras repúblicas al bloque comunista  era un símbolo de progreso. Las repúblicas, como por ejemplo las del Cáucaso, a las que Lenin había prometido la autodeterminación antes de la Revolución de Octubre, quedarían integradas de facto en la Federación Soviética.

En resumen, la política exterior debido a la configuración del estado soviético quedaría en manos del Secretario General del partido, donde se impondrá el modelo imagen-situación.  La actuación de la URSS fuera de sus fronteras fue elaborada, a través del modelo ideológico, por un minúsculo grupo de dirigentes que en última instancia acatarían las decisiones finales del líder. Esta situación se dio sobre todo con Stalin y Jushchov que acapararon el poder casi absoluto.

El vínculo fundamental entre la política interior y la exterior queda determinado por la función de adaptar el estado a su contexto externo y  acomodar las condiciones exógenas que inciden en el interior del sistema estatal.

REFERENCIAS

[1]CALDUCH, Rafael: “La política exterior de los estados,” en CALDUCH, Rafael: Dinámica de la Sociedad Internacional, cap. I, Editorial Ceura, Madrid,1993, p.1

[2]Ibíd. p. 3

[3] Renouvin y Duroselle afirman que: “Entre las múltiples actividades del político responsable, la más alta, la que justifica sus funciones, la que colma sus ambiciones, es la decisiónVíd: DUROSELLE, Jean-Baptiste; RENOUVIN, Pierre: op.cit. p. 465

[4] SONDERMANN, Fred “The Concept of the National Interest” en: SONDERMANN, Fred y OLSON, William (eds):The Theory and Pactice of International Relations, Prentice Hall ,New Jersey 1966, p.86

[5] DUROSELLE, Jean-Baptiste; RENOUVIN, Pierre: op.cit. p. 357

[6] EDMONDS, Robin: Política exterior soviética (1962-1973), Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1977, p. 107.

[7] Víd: CALDUCH, Rafael: “La política exterior de los estados…”, op.cit. p. 7

[8] Víd:KISSINGER, Henry: La política exterior americana,  Plaza y Janés, Barcelona 1976, pp. 30-46.

[9] LEWIN, Moshe: El siglo soviético, Crítica S.A., Barcelona, 2006, p. 34

[10] Koba fue uno de los apodos que utilizó Stalin cuando desempeñaba su labor de revolucionario clandestino en el preludio de la Revolución de Octubre. Koba el temible es uno de los libros más clarificadores acerca del terror y el hambre que se desataron en Rusia con Lenin y que prosiguió de manera exagerada bajo el gobierno del terrible georgiano. Víd: AMIS, Martin: Koba el temible, la risa y los veinte millones, Anagrama, Barcelona, 2006

[11] LEWIN, Moshe:op.cit. p.34

Anuncios

LAS IMPLICACIONES INTERNACIONALES DE LA REVOLUCIÓN RUSA

LA SEXTA GRAN POTENCIA

Bien podría formularse la pregunta de por qué la política internacional no revolucionaria debería considerarse más normal que la revolución, dado que en la historia de la sociedad internacional ha estado divida bastante equitativamente entre las dos”[1]

El siglo XX ha sido definido por la filósofa alemana Hannah Arendt como un tiempo que se configuró entre las revoluciones y las guerras, sin embargo la disciplina de las Relaciones Internacionales no ha prestado tanta atención a las primeras como a las segundas[2].

Las Relaciones Internacionales comenzaron el estudio de la guerra con la creencia de que esta se debe a “una agresión decidida racionalmente por los Estados y no como la internacionalización del conflicto social”[3].El desarrollo teórico de la disciplina tras la incorporación de una visión anglosajona de la ciencia política ha confirmado esta tendencia[4].

Martin Wight entiende por revolución una transformación violenta del régimen dentro de un estado; añade que las repercusiones de esta a escala internacional no son accidentales,  más bien ilustran  un cierto grado de unidad en el sistema internacional, así, los cambios  que se den en un determinado estado se volverán una cuestión de interés para el resto de potencias. Estas revoluciones  no solo pretenden transformar el propio estado, están vinculadas a una serie de movimientos organizados que tratan de cambiar a la sociedad internacional como un todo[5].

Una vez configurado, el estado revolucionario, planteará un reto al sistema internacional;  parte de la política exterior de estos versará sobre un cambio en las relaciones  sociales y políticas con otros países, se considerarán con derecho y obligación de conducir sus políticas exteriores[6].

Toda revolución internacional genera una contrarrevolución, “la historia del mundo desde el fin de la guerra mundial hasta fines de la década de los ochenta fue en buena medida, aunque no exclusivamente, la historia de las respuestas del sistema internacional a la revolución[7] derivando en un conflicto intersistémico[8] conocido como  Guerra Fría.

La República Socialista Federativa Soviética de Rusia en plena concordancia con su naturaleza de estado revolucionario ha pretendido transformar el marco de las relaciones internacionales desde su fundación en 1922. La misión mesiánica de Rusia  mutó su  esencia religioso-ortodoxa para  renacer  bajo la máxima del internacionalismo proletario.

La URSS en 1922

La URSS en 1922

La  Revolución de Octubre tuvo su influencia innegable en  los dos niveles de análisis del fenómeno internacional; macrointernacional,  en su aspiración para alcanzar la revolución proletaria mundial en sus primeros años, como a nivel  microinternacional, basándose en el estatus autoproclamado de la URSS como guía de la revolución mundial la cual se alcanzaría a través de su política exterior, esta era la premisa, al  menos en teoría.

El nivel macrointernacional abarca las cuestionen concernientes a la sociedad internacional, es decir, analiza  las teorías que conciben las relaciones internacionales como un conjunto de interacciones de muy diversas clases y se ocupa del estudio de la naturaleza de esas interacciones  y su relación entre sí. El nivel microinternacional se centra en el análisis de los diferentes miembros que participan en la sociedad internacional. “Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o relación de algún actor internacional o de un reducido número de ellos”[9], cuando se desciende al nivel microinternacional, la política exterior de los estados es uno de los principales asuntos a abordar pues es el núcleo donde convergen la vida nacional y la realidad internacional. El politólogo estadounidense Kenneth Neal Waltz, en la misma línea argumental, aprueba esta división analítica distinguiendo entre las teorías reduccionistas y sistémicas; las primeras se “concentran en las causas a nivel individual o nacional”, y las segundas “conciben las causas a nivel internacional[10].

REFERENCIAS

[1] Martin Wight citado en: HALLIDAY, Fred: Las relaciones internacionales en un mundo en transformación, Los libros de la Cátara, Madrid, 2002, p.165

[2] Ibíd. p.157

[3] La tradición anglosajona en las relaciones internacionales es eminentemente realista, con lo que sólo observa el nivel microinternacional al ser los estados los principales actores de la sociedad internacional, los procesos macrointernacionales no son fundamentados teóricamente por esta tendencia. Ibíd. p.158

[4] Los realistas consideran a las revoluciones como un cambio de los intereses del estado y de su política exterior, un desequilibrio entre en el sistema internacional que debe ser controlado, el nivel macrointernacional no es analiza en la teoría realista clásica; para los behavioristas las revoluciones “forman parte del espectro de la violencia, y como los virus, pueden difundir la transnacionalidad, pero esta violencia se concibe en términos psicológicos”. Serán los materialistas históricos, y en concreto Marx el que critique los supuestos decimonónicos del equilibrio entre las cinco potencias advirtiendo que este sistema será barrido por “la sexta gran potencia: la revolución”. Fred Halliday hace un recorrido por las principales teorías de las Relaciones Internacionales para demostrar la poca implicación de estas en el estudio de las revoluciones internacionales. Ibíd. p.164 y ss.

[5] WIGHT, Martin: A política do poder , Editora Universidade de Brasilia, Sao Paulo 2002, p.122

[6]HALLADAY, Fred: op.cit. p.170.

[7]Ibíd. p.167

[8] “El conflicto intersistémico es una forma específica de conflicto interestatal e intersocietal, en que a las formas convencionales de rivalidad -militar, económica y política- se les suma una discrepancia global de normas políticas y sociales, lo que suele prestarles legitimidad (…) la cuestión del conflicto intersistémico está casi ausente de la discursión sobre la guerra fría”  Este conflicto solo se solventará con la exclusión de uno de los dos modelos. Ibíd. p. 210.

[9]Víd: CALDUCH, Rafael: Relaciones Internacionales, Ciencias Sociales, Madrid, 1991, p.31; REYNOLDS, Philip Alain: Introducción a la Política Internacional, Tecnos, Madrid, 1977, p. 16.

[10]WALTZ, Kenneth Neal: Teoría de la política internacional, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1988, p. 33