Putin

Rusia aplica la fórmula euroasiática en su política exterior y fortalece su alianza con Bachar Al-Assad

La intervención de Rusia en la guerra siria constata la seguridad del Kremlin en su programa de política exterior euroasiática. El eurasianismo es una teoría política propiamente rusa que se enmarca dentro de apuesta por la multipolaridad1 en la relaciones internaciones. La Federación Rusa, según los postulados eurasiáticos, se presenta como un polo de poder que puede llegar a consolidar la estabilización de Eurasia.
Se trata de un movimiento totalmente coherente dentro del discurso y la visión que Rusia tiene de su papel en el escenario internacional. La vía euroasiática se presenta desde Moscú como una apuesta por las relaciones internacionales basadas y encuadradas en las normas del derecho internacional y de los tratados; la intervención en Siria está destinada, según el gobierno ruso, a asegurar la estabilidad de la zona y lógicamente proteger sus propios intereses.

El gobierno de Vladimir Putin ha sabido aprovechar un momento clave para intentar reorientar la deriva de la actual política occidental en Oriente Medio. Mientras los representantes europeos debaten en reuniones fallidas sobre cuantos refugiados puede acoger cada uno de los estados miembros, y muestran a las audiencias europeas su incapacidad para gestionar todo aquello que no esté puramente planificado de antemano. Desde Rusia se apuesta por ir a la raíz del problema y acabar con la guerra mediante la alianza con el presidente Bachar Al Assad. La postura rusa se encuadra en la táctica intervencionista que fuera iniciada por Estados Unidos en su lucha contra el denominado terrorismo internacional, y se sustenta legalmente en sus tratados de seguridad con el estado sirio.

Atacan la embajada de Rusia en Siria por su apoyo a Al-Assad foto: EFE STR (LaNacion.com.ar)
A pesar de la contienda mediática en los países occidentales, las posibles nuevas sanciones a las que puede verse sometida su contraída economía y los diversos recursos de coacción del derecho internacional que pueden ser usados en su contra, el gobierno de Moscú ha asumido un papel proactivo en la región.

La estrategia rusa difiere sustancialmente da las últimas intervenciones occidentales en los conflictos surgidos a la raíz de las mal denominadas “Primaveras Árabes”, dónde el apoyo internacional a los “rebeldes” ha ocasionado serios problemas regionales, como en el caso libio y la expansión de la inseguridad a Malí tras los bombardeos franceses contra Gadafi .

Putin sigue una lógica clara en las dos dimensiones que implica la intervención de su ejército en el conflicto sirio. Por un lado, entiende que es preciso una alianza con las fuerzas que se integran dentro de la facción del presidente Al Assad para apuntalar la seguridad en el país y frenar el avance de los grupos terrorista Daesh y Al-Qaeda. Según el presidente ruso, esta es una premisa necesaria para estabilizar Siria y empezar un proceso de transformación política interna que ha sido revindicado claramente por los ciudadanos.

Por otra parte, el tablero internacional se balancearía hacia un nuevo reparto del poder en una región dominada por la correlación de fuerzas entre Arabia Saudí, Irán e Israel y sus aliados occidentales.
La participación del partido Baaz y de su presidente en una posible mesa de negociaciones para la resolución del conflicto es una garantía que podría asegurar la vocación laica y multiconfesional de Siria; dado que el propio Bachar Al Assad es miembro de una minoría religiosa (alawita) y Siria un país donde históricamente han convivido varias religiones y diferentes ramas del Islam. Si este marco llega a concretarse sería complejo que alguna facción wahhabita llegase al poder por la vía oficial y se estableciese en Damasco un poder colaboracionista con Ryad. Además, la Federación Rusa podría asegurar su preciada presencia en el Mediterráneo gracias a la base marítima que tiene en la ciudad siria de Tartus.

Base de Tartus Con una Siria estable, Irán, su aliado tradicional, se vería en una situación más ventajosa en la denominada Guerra Fría que sostiene con Arabia Saudí. El gobierno iraní, presidido por Hassan Rouhani, podría concentrase en sus asuntos internos (sin dejar de prestar atención a sus fronteras con Irak, Afganistán y Pakistán) y tratar de buscar solución a la crisis económica que sufre el país, dentro de un nuevo marco de distensión con Estados Unidos, establecido gracias al avance de las negociaciones de su programa nuclear. De esta manera, Teherán iniciaría un afianzamiento de su estatus regional, encaminado hacia su fortalecimiento como polo de poder proyectado hacia la concreción de un marco multipolar también defendido por China y la propia Rusia, que frene la política neoconservadora estadounidense en la región capitaneada por su aliado saudí.

La estrategia de Moscú busca alejar la influencia del atlantismo anglosajón en una región crucial para su seguridad y frenar el proceso de contención que la OTAN ha establecido de manera decisiva tras el golpe de estado en Ucrania y la posterior guerra de secesión que se mantiene en el este del país.
Es evidente que la intervención rusa va a generar una respuesta occidental, la probable reelección de Erdogán en Turquía afianza las posiciones de Estados Unidos y la UE en la región, pero el equilibrio de poder ya no es el mismo, y es complejo que la opinión pública occidental acepte de nuevo un apoyo oficial a los oponentes del régimen sirio entre los que se encuentran grupos terroristas.

Aunque los nostálgicos de la Guerra Fría puedan comparar el escenario sirio con la guerra de Corea, la diferencia es bastante importante; la economía estadounidense no muestra atisbos de transformar su política de expansión artificial del crédito y parece que seguir imprimiendo moneda y endeudarse es su única y apuesta, mientras Rusia podría romper esta tendencia volviendo al patrón oro y blindarse frente a la injerencia del dólar en su economía. El simple indicio de que algo así podría suceder es uno de los principales frenos para los planes occidentales de repliegue de la influencia regional de Rusia.
A la hora de analizar esta etapa de la política exterior rusa es preciso tener en cuenta todas las implicaciones, no solo las meramente formales. Más allá de la propia intervención, el Kremlin pretende mandar un mensaje a Occidente: Rusia sólo ha necesitado dos décadas para fortalecerse y su renovación le permite una mayor capacidad de maniobra, con lo que cualquier estrategia antirrusa basada en los preceptos que guiaron la Guerra Fría no va a ser correcta. Occidente no ha entendido que la actual Federación de Rusia no tiene más ideología en sus relaciones internacionales que sus propios intereses nacionales, no parte de una base desde la que intentar cambiar al mundo, si no que pretenden establecerse en el panorama internacional mediante el respeto a las normas del Derecho Internacional; al menos esa es su consigna.
Rusia ha aprendido de su propia historia la importancia de transmitir el mensaje adecuado en el momento clave; las consecuencias de su discurso y su coherencia pueden acelerar el proceso de transformación de un panorama internacional que se inclina hacia la multipolaridad que ellos defienden.


1La idea de multipolaridad que propugna la política exterior rusa no se corresponde con el concepto clásico de la teoría realista, que define este concepto como una “constelación de centros de poder autosuficientes que poseen amplios recursos materiales y que o bien se equilibran o se enfrentan entre ellos”; desde el Kremlin se interpreta esta noción como la superación de la idea de anarquía reinante en la comunidad internacional a partir de unas “relaciones institucionalizadas e inclusivas”, siendo el modelo multipolar el mecanismo mediante el cual hacer frente al proceso de globalización occidental. Vïd: MAKARYCHEY, Andrey: “Rusia en un mundo multipolar: El papel de las identidades y los mapas cognitivos” en: Revista CIDOB d´Afers Internacionals, nº 96, 2011, pp.25-43

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Hybris Imperial: la derrota del intervencionismo occidental en el espacio postsoviético

Si la “historia del mundo desde el fin de la guerra mundial hasta fines de la década de los ochenta fue en buena medida, aunque no exclusivamente, la historia de las respuestas del sistema internacional a la revolución soviética”[1] ¿Cuál puede ser ahora el motivo de Occidente para desafiar a Rusia en la proximidad de sus fronteras?

Russian President Vladimir Putin enters ...Russian President Vla

Washington y Bruselas aúnan sus directrices políticas para lograr un repliegue de la influencia de Moscú en su “vecindad próxima” y evitar su fortalecimiento dentro del panorama internacional. La superación del modelo unipolar estadounidense que tanto Rusia como China están patrocinando, puede ser la causa que motive la hostilidad hacia el gobierno que preside Vladimir Putin.

Desde el Kremlin se entiende que un modelo multipolar es el mejor mecanismo para frenar el proceso de globalización occidental[2], y para conseguir una posición preeminente dentro de su área de influencia, su extranjero cercano: el espacio ex-soviético. Entendida en toda su amplitud, esta apuesta de transformación del orden internacional pasa necesariamente por el desplazamiento del dólar como divisa de referencia mundial.

Independientemente de la fuerte determinación de Moscú a la hora de continuar con su programa, hay una serie de condicionantes geoestratégicos necesarios para que este se materialice: Rusia necesita a Ucrania en su órbita para asegurar su supervivencia como potencia. Sin Ucrania, el Kremlin no podría proyectar su poder de manera efectiva en sus fronteras occidentales, y Minsk, otro pilar geopolítico fundamental podría escaparse de su influencia. Además, Ucrania es el punto de conexión de la infraestructura rusa en entre el Oeste y el Este en lo que respecta a ductos, carreteras y vías férreas[3]. En definitiva si Rusia no cuenta con parte de Ucrania no se podrá alcanzar el modelo multipolar.

Un plan arriesgado

El apoyo inmediato y contundente de Estados Unidos y la Unión Europea a los atrincherados en la Plaza de la Independencia de Kiev fue decisivo para acabar con la presidencia de  Víktor Yanukóvich, el anterior presidente ucraniano,  y frenar las aspiraciones de Rusia mediante las sanciones económicas. Como era de esperar, la reacción a la injerencia occidental se dejó sentir en el este del país y  comenzó una guerra de secesión cuando los rusos étnicos no reconocieron al nuevo gobierno de la Rada Suprema.

Tras una intervención estatal todos los sectores relacionados reaccionan. La reintegración de Crimea en la Federación Rusa, a la que siguieron iguales acuerdos con las regiones separatistas de Georgia, Osetia del Sur y Abjazia, fue la segunda consecuencia de esta intervención. Estos acuerdos ponen de relieve una transformación en la perspectiva que Rusia tenía acerca del derecho de autodeterminación: del rechazo frontal mostrado ante esta fórmula en Kósovo e incluso frente a aquellos territorios que pedían una reintegración en la Federación Rusa, como la República del Tradniestr, la propia Osetia del Sur y Sebastopol, las dinámicas intervencionistas occidentales han propiciado un cambio histórico en la visión que el Kremlin tiene sobre esta norma del Derecho Internacional.

La nueva interpretación del derecho de autodeterminación tiene una importancia transcendental en el caso de Rusia. El mayor país del mundo alberga a más de 176 grupos étnicos, y lógicamente existen numerosas tendencias centrífugas en el interior de la Federación, Chechenia es el caso más conocido, pero algunas regiones rusas como el Tartastán, Udmurtia, Yakutia, Komi, Karelia, Bahskiria o Osetia del Norte también llegaron a declarar su soberanía pocos meses después de la desintegración de la URSS.

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El camino emprendido por Putin cuando firmó el acuerdo con Crimea tiene una doble implicación: el presidente ruso deberá lidiar con los movimientos de autodeterminación internos, pero también puede ser una buena estrategia a la hora de retener parte de su influencia en el extranjero cercano y así truncar el intervencionismo occidental que ya ha fracasado parcialmente en Ucrania.

Más de 20 millones de rusos  viven en países de la órbita ex-soviética. A parte de la gran comunidad de rusos en Ucrania, Kazajstán, un punto geopolíticamente importante por su posición y grandes recursos, alberga a la segunda colectividad de rusos en un país extranjero. Las actuales relaciones entre Astaná y Moscú atraviesan una crisis importante tras el rechazo frontal del gobierno kazajo a la iniciativa rusa de crear una moneda única para la Unión Económica Euroasiática, es una de las primeras veces que Kazajstán  no secunda los planes de Rusia.

Si los aliados occidentales deciden continuar con la política intervencionista, la situación en este de Ucrania puede reproducirse en otros puntos de la frontera rusa en Asia Central y  desestabilizar esta región. A pesar de tales riesgos, Washington parece continuar con su ofensiva enviando emisarios a Armenia, Kirguistán y Uzbekistán para comprobar la fidelidad de sus líderes a Moscú y calibrar si estos territorios necesitan también sus “Revoluciones de Colores”. La apuesta estadounidense sube de nivel al implicar directamente a China, el país de los kirguises (donde Estados Unidos y Rusia tienen bases militares) hace frontera con la región musulmana de China, habitada por la etnia uigur con abiertas tendencias separatistas

La compleja herencia soviética

La planificación total era la fortaleza y el talón de Aquiles de la URSS. Más allá de los asuntos económicos, una de las primeras preocupaciones de Lenin fue la cuestión de las nacionalidades, un asunto de capital importancia teniendo en cuenta la diversidad étnica que integraba el Imperio Zarista. A pesar de todos los esfuerzos del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), su política de planificación de las nacionalidades fue aún más desastrosa que sus planes quinquenales.

La nomenklatura trató de crear una nueva idiosincrasia: la soviética. En su afán igualitarista quiso contrarrestar las tendencias secesionistas mediante las deportaciones (sobre todo en la época estalinista) y los cambios de fronteras internas. En 94 ocasiones[4] trasformaron la división interior de la Federación Soviética, aunque la mayoría de los cambios solo se reflejaron sobre el papel.  Cuando los líderes soviéticos firmaron el Acuerdo de Helsinki en 1975, mediante el cual se obligaba a los estados parte a respetar la integridad territorial y las fronteras, no imaginaban que pocos años después la URSS ya no existiría.

Como consecuencia de este Tratado, las divisiones del papel se transformaron en fronteras reales y más de 25 millones de rusos quedaron fuera del territorio ruso prácticamente de la noche a la mañana, conformando la mayor minoría étnica de Europa. El trato que estas minorías recibieron en sus nuevos estados no fue siempre el adecuado, Letonia y Estonia con sus leyes de ciudadanía son dos ejemplos de ello. Ante esta situación la  Constitución de la Federación Rusa prevé,  en el artículo 61.2,  que Rusia debe garantizar la defensa y el patrocinio de sus ciudadanos fuera de su territorio.

El “internacionalismo democrático” y la planificación de la política exterior

Si la antigua URSS apelaba al “internacionalismo proletario” para auxiliar a los Partidos Comunistas de otros países e intervenir indirectamente en sus asuntos internos, los gobiernos occidentales recurren a la democracia para posicionar a sus peones en el tablero geopolítico.

Ucrania  y  Libia son dos casos paradigmáticos de esta nueva modalidad de intervencionismo en nombre de la democracia. Ya no es preciso desplegar unidades militares para cambiar a un gobierno que no ceda ante las exigencias occidentales; las actividades de determinadas ONGs o Think Tanks (NED, USAID entre otras), la polarización social, la guerra propagandística y la diplomacia de las sanciones económicas pueden jugar un papel igual de decisivo que los ejércitos y los drones.

Sería interesante saber cuál puede ser el beneficio de estas acciones para los ciudadanos de los Estados Unidos y la Unión Europa, pues parece que las cuestiones de “seguridad global” y el “interés estatal” sólo son escusas tras las que se esconden jugosos beneficios para el lobbistas del estado. El intervencionismo estatal que genera cambios arbitrarios de gobiernos, conflictos armados y millares de muertos, está financiado por las sociedades “libres” y democráticas a través de los impuestos estatales.

La política exterior es un monopolio más del estado, en este caso, sobre la proyección externa de los pueblos del mundo. Desde la administración estatal se determinan una serie objetivos asociados con los “intereses superiores de la nación”, eufemismo con el que se trata “de enmascarar intereses infinitamente menos nobles, y en todo caso particulares[5]. Una vez que la meta está fijada llega el turno de planificar y ejecutar las acciones concretas.

Los problemas que se producen en la economía tras una intervención política se reflejan también en este ámbito de la acción humana. Los encargados de elaborar la política exterior están igual de incapacitados que sus homólogos economistas, para prever los efectos que cierta intrusión puede desencadenar en la totalidad de los sectores relacionados. Tampoco pueden controlar la variable temporal, es decir, las consecuencias futuras de una injerencia. Los desequilibrios que provocan las políticas intervencionistas en la economía: inflación, descontrol de precios y crisis económicas, se traducen en inestabilidades regionales, acciones terroristas y conflictos armados cuando se aplica la lógica austríaca a las relaciones internacionales actuales.

Aunque muchas de estas consecuencias sean deliberadamente buscadas, otras pueden ser contraproducentes para el estado que realiza la injerencia, y sobre todo para la población, que es la que siempre termina pagando los desmanes de los gobiernos.

El denominado blowback no es más que una repuesta inesperada a cierta intervención; el ejemplo más claro de este fenómeno fue el atentado contra las Torres Gemelas. Cuando el gobierno de Estados Unidos financió y apoyó  a los combatientes muyahidines para frenar la invasión soviética en Afganistán, era incapaz de pronosticar que este grupo sería el origen de Al Qaeda, la organización terrorista que derribó los dos edificios más emblemáticos del World Trade Center. Está claro que Occidente no aprende de su Historia más reciente, tratar de desestabilizar a Rusia y su zona de influencia conlleva el peligro de crear un problema real de seguridad global.

Puede que sea la experiencia de la Guerra Fría la responsable de  la visión triunfalista y la  fatal arrogancia con la que Occidente ataca a Moscú, pero los políticos occidentales no deben olvidar que Rusia no perdió la Guerra Fría, fue el Partido Comunista de la Unión Soviética el que sufrió la derrota.

[1] Halliday, Fred: Las relaciones internacionales en un mundo en transformación, Los libros de la Cátara, Madrid, 2002, p. 170.

[2] Makarichey, Andrey: “Rusia en un mundo multipolar: El papel de las indentidades y los mapas cognitivos” en: Revista CIDOB d´Afers Internacionals, nº96, 2011, pp.25-43.

Disponible en: http://www.cidob.org/es/content/download/30225/359332/file/25-44_ANDREY+MAKARYCHEY.pdf

[4] Ruíz González, Franciso J.: “Conflictos en el espacio postsoviético: situación actual y posible evolución” en: Boletín de Información nº319, CESEDEN, 2011, p.8.

[5] Duroselle, Jean-Baptiste; Renouvin, Pierre: Introducción a la Historia de las Relaciones Internacionales, S.L. Fondo de Cultura Económica Española, Madrid, 2000, p.357.

Artículo original en  Mises Hispano (miseshispano.org)

UCRANIA MÁS ALLÁ DE LA GEOPOLÍTICA

Si el viejo Curzio Malaparte volviese a la actual Ucrania muy probablemente tendría que añadir un nuevo capítulo a su libro Técnica del Golpe de Estado. El derrocamiento del presidente Yanukovich mediante la instrumentalización de las manifestaciones ciudadanas es el ejemplo de un nuevo tipo de intervención en la política interna de los estados. Pero el “internacionalismo democrático” tiene sus costes[1], la ayuda no es gratuita y pronto la República de Ucrania tendrá que pagar la deuda que su actual gobierno ha solicitado a Occidente.

EFE

EFE

En la cumbre de Vilnius, Yanukovich rechazaba la oferta de la Unión Europea y acto seguido las manifestaciones de la Plaza de la Independencia de Kiev comenzarían a recibir el apoyo occidental[2]. La cuestión es saber cual pudo ser el motivo del repentino interés de la UE y de EEUU para atraer a Ucrania a la órbita occidental. El factor geopolítico es de capital importancia, pero, también cobra especial relevancia el componente económico. En este terreno hay varias posibilidades: los beneficios de la explotación de los recursos energéticos de Ucrania, el debilitamiento de la posición de Rusia y la defensa del dólar como la moneda mundial de referencia.

Rusia y Ucrania

La posición de Ucrania en el mapa hace que su vinculación con Rusia vaya más allá de una historia y una cultura compartida. Ucrania es una pieza fundamental para completar la estrategia de seguridad de Rusia en sus fronteras occidentales.

Sin Ucrania bajo su influencia, la Federación Rusa no podría crear una cobertura geoestratégica contundente en sus fronteras occidentales, sus vínculos geopolíticos con Europa y el Cáucaso serían demasiado inestables; el cambio de orientación del gobierno ucraniano le restaría fuerzas y sería un factor fundamental para desestabilizar su influencia sobre Bielorrusia, otro pilar geopolítico fundamental.

Además, Rusia no podría asegurar su supervivencia como potencia[3] y el gobierno de Putin estaría debilitado para poder continuar con su promoción de un modelo multipolar de las relaciones internacionales donde su país se perfila como “polo” de poder.

La multipolaridad que pretende Rusia se traduce en relaciones institucionalizas donde los acuerdos bilaterales y multilaterales marcarían la pauta para la organización de un sistema internacional regulado por las grandes potencias, de esta manera podrían frenar el proceso de globalización occidental[4], entendido en todos los sentidos, también en el económico, mediante un desplazamiento del dólar como moneda de referencia universal.

Rusia e Irán utilizarán sus monedas nacionales en los intercambios comerciales mutuos[5], China y Rusia también apuestan por el desplazamiento del dólar[6], y el pasado julio el conjunto de los BRICS acordaron la creación de su propio “banco”[7], que seguramente dejará a la moneda de referencia mundial a un lado. Si estas grandes potencias emergentes dejan de utilizar el dólar, y todo este excedente monetario vuelve a EEUU la inflación se dispararía de tal manera que el gobierno de Estados Unidos tendría que lidiar con el empobrecimiento general de su población y el problema de la financiación de estado a largo plazo. Una Rusia debilitada provocaría un retroceso en el cambio de paradigma monetario.

La independencia energética de Ucrania y Burisma Holding

La acusada supeditación energética de Moscú es uno de los puntos débiles de Ucrania, la idea de independencia energética fue una de las apuestas de depuesto presidente Victor Yanukovich. Según la  la Energy Information Administration de Estados Unidos, Ucrania ocupa el tercer puesto de las reservas de gas esquisito (shale gas) en Europa.[8] Mediante la técnica del franking, desarrollada principalmente por tecnología estadounidense, Ucrania podría ser independendiente en materia energética e incluso llegar a ser la competencia directa de Rusia en el mercado europeo.

Estas reservas despertaron el interés de grandes petroleras con las que Yanucovich había firmado varios acuerdos, los nombres son de sobra conocidos: Chevron tiene un contrato de 50 años de duración del gas esquisito del oeste de Ucrania, Royal Duch Shell y  la petrolera italiana ENI también han realizado sus inversiones en suelo ucraniano. Con respecto a los proyecto de extracción del gas en la península de Crimea, ExxonMobile, Repsol e incluso Petrochina se han interesado en realizar sus proyectos[9]..Los motivos para la anexión de Crimea además de históricos y étnicos son eminentemente estratégicos y económicos. No solo para que la mayor potencia continental que es Rusia tenga su salida a mares cálidos, si no para continuar asegurado que la empresa estatal Gazprom tenga una situación privilegiada en el mercado Europeo; la estabilidad de la economía rusa depende en gran medida de los beneficios de la exportación de recursos energéticos.

Hasta aquí todo parece encajar, pero resulta que tan sólo tres meses después de la caída de Yanukovich la mayor empresa de gas privado de Ucrania, Burisma Holding, nombra al hijo del vicepresidente Joe Biden[10] –el cual había exigido a Yanukovich el pasado 21 de febrero que retirarse a su policía, siendo más sencillo para los grupos atrincherados en Maidán ocupar los edificios oficiales de la República-  su consejo de administración. Según una investigación del Centro de Acción contra la Corrupción (ANTAC) de Ucrania la propiedad de Burisma Holding está vinculada a Privat Bank, entidad controlada por el oligarca  Ihor Kolomoysky[11], actualmente gobernador  de Dniproppetrovsk Oblast, una provincia del sur de Ucrania. Este curioso político de la Ucrania democrática ha sido asociado con la financiación  de fuerzas paramilitares que asesinaron a los rusos étnicos del este de Ucrania.

Otro acontecimiento curioso: Chevron patrocinó el pasado 13 de diciembre de 2013 una conferencia en el Club Nacional de Prensa en Washington, en la que la Asistente de la Secretaría de Estado para Europa, Victoria Nuland[12], (que había regresado de Kiev), se dirigió a influyentes empresarios internacionales, entre los que se encontraban ucranianos, para manifestar que Ucrania debería firmar un nuevo acuerdo con el FMI,  gracias al cual conseguiría que las inversiones extranjeras aumentaran.

Victoria Nuland en Kiev

Victoria Nuland en Kiev

La misma postura fue adoptada por la Unión Europea en sus conclusiones sobre Ucrania aprobadas por el Consejo Europeo el 20 de marzo de 2014  en las cuales insta al país “a recibir ayuda macro financiera y subraya que es esencial llegar a un acuerdo con el FMI (…) Los estados miembros de la UE están de acuerdo en coordinar sus posiciones con el FMI y por supuesto a realizar las reformas estructurales necesarias para poder mejorar la situación de su economía”[13]. Un acuerdo de Ucrania con el FMI o con la Unión Europea se traduciría en una gran influencia de estos actores en los asuntos de política doméstica, la indudable convivencia de la clase política con las grandes petroleras es evidente, y el “peligroso” fraking sería el último recurso de una economía derrumbada, lo que aportaría grandes beneficios a las petroleras debilitando a economía rusa. La ganancia geopolítica y económica sería del todo satisfactoria para los gobiernos occidentales.

Las sanciones a Rusia y el riesgo para la Eurozona

Las sanciones económicas a Rusia pueden dañar la Unión Europea, actualmente hay una gran exposición de los bancos franceses, alemanes e italianos  a los bancos rusos; es decir, si los bancos rusos se quedan sin dinero no podrán pagar a sus homólogos de la eurozona; aunque J.P. Morgan y Morgan Stanely afirman que el impacto puede ser menor, también alertan del peligro de que este impacto venga de los países de Europa Oriental, con lo cual el impacto económico sería más importante e incluso podría llegar a afectar a la endeudada economía norteamericana[14].

La situación económica de los países bálticos es problemática, la mayoría de sus empresas no se han diversificado y se proyectan hacia Rusia, que es uno de sus principales aliados comerciales[15], si Rusia decidiese romper sus acuerdos de comercio con estos países, su economía sufriría una peligrosa recesión que afectaría al resto de la Eurozona.

Los grandes ingresos que las multinacionales petroleras obtendrían gracias al fracking en suelo ucraniano y el daño que se ejercería sobre la economía rusa tanto económica como geopolíticamente son motivos suficientes para interpretar que detrás de los motivos que han llevado a Occidente a apoyar al movimiento anti-Yanukovich está el mantenimiento de actual modelo de las relaciones internacionales, que solo se puede sostener con un dólar fuerte que sirva de divisa de referencia mundial.

Referencias

[1] Entre otros ‘donantes’ que actúan en Ucrania y enumeran entre sus objetivos la promoción de la democracia y el apoyo de la sociedad civil en varios países, se encuentran el CIPE (Center for International Private Enterprise), que donó a Ucrania 359.945 dólares, el IRI (International Republican Institute) con un aporte a la democracia ucraniana de 250.000 dólares y el NDI (National Democratic Institute) que no escatimó en desembolsar unos 345.000 dólares para el país”.  Derrocar a un presidente requiere financiación, y curiosamente desde Estados Unidos y a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) y otras instituciones vinculadas a la misma -a su vez conectadas con la CIA-  fluyeron las donaciones a Ucrania acompañadas de una campaña mediática internacional contra el presidente Yanukovich. Esta misma institución ya hizo circular dólares durante la guerra de los Balcanes para orquestar una campaña contra Milosevic. Véase: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/121969-eeuu-financiar-disturbios-

http://www.ronpaulinstitute.org/archives/featured-articles/2014/march/06/regime-change-blueprint-the-ned-at-work.aspx

[2] http://actualidad.rt.com/actualidad/view/113884-subsecretaria-eeuu-nuland-galletas-manifestantes-kiev

[3] Gutiérrez del Cid, Ana Teresa: “La Revolución Naranja en Ucrania y la estrategia de Rusia”,  Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, nº 97, 2007.

disponible en  //revistas.unam.mx/index.php/rri/article/view/18430

[4] Makarychey, Andrey: “Rusia en un mundo multipolar: El papel de las identidades y los mapas cognitivos” en: Revistad CIDOB d´Afers Internacional, nº 96, 2011, disponible en : http://www.cidob.org/ca/publicacions/articulos/revista_cidob_d_afers_internacionals/96/rusia_en_un_mundo_multipolar_el_papel_de_las_identidades_y_los_mapas_cognitivos

[5] http://actualidad.rt.com/economia/view/141964-rusia-iran-boicotean-dolar-estadounidense-comercio

[6] http://actualidad.rt.com/actualidad/view/146524-putin-rusia-monedas-acuerdos-china

[7] http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2014/07/140714_economia_brics_nuevo_banco_jgc

[8]Polonia, Reino Unido y  Francia también disponen de tales recursos energéticos pero se niegan a explotarlos debido a las posibles consecuencias ambientales causadas por el fraking, el método que sería utilizado para la explotación de estas reservas

[9] http://consortiumnews.com/2014/04/24/beneath-the-ukraine-crisis-shale-gas/

[10] Sobre la polémica de la contratación de hijo de Joe Biden y personalidades cercanas al secretario de Estado John Kerry. http://time.com/2964493/ukraine-joe-biden-son-hunter-burisma/

[11] http://antac.org.ua/en/2012/08/kings-of-ukrainian-gas/

[12] http://www.informationclearinghouse.info/article37599.htm

[13] Conclusiones sobre Ucrania aprobadas por el Consejo Europeo 20 de marzo de 2014, disponible en: http://www.consilium.europa.eu/uedocs/cms_data/docs/pressdata/es/ec/141715.pdf

[14] http://www.fundspeople.com/noticias/que-bancos-europeos-estan-mas-expuestos-a-rusia-132178

[15] Grigorjeva, Jekaterina: “Los países bálticos ante la crisis de Ucrania. Un escenario abierto”, Instituto Español de Estudios Estratégicos, Texto disponible en: http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2014/DIEEEO69-2014_CrisisUcrania_J.Grigorjeva.pdf