Zares

LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte IV)

Los Romanov

Tras treinta años de anarquía que habían causado la miseria y una grave crisis económica, llegaría una nueva dinastía al trono de Rusia. Miguel Romanov[1] fue elegido para gobernar los designios de Rusia el 21 de julio de 1613. Moscovia se había convertido ya en un inmenso imperio multiétnico pero durante la “Smuta”  se habían destruido todas las estructuras comerciales y agrarias.

MIGUEL ROMANOV

MIGUEL ROMANOV

Entre 1620 y 1740 la expansión terrestre más dinámica de Europa fue obra del Imperio Ruso. En el transcurso de 100 años el dominio de los Romanov sobre el territorio pasaría de 5 millones de quilómetros cuadrados a 15. La ampliación territorial fue llevada a cabo por los comerciantes rusos mediante la construcción de una débil red que posteriormente se reforzaría. En 1600 ya había rusos más allá de los Urales.

La vanguardia encabezada por los mercaderes controlará las rutas fluviales del Yeniséi en 1620; en el transcurso de esa misma década alcanzaron el Lena y en torno a 1639 arribaron al mar de Ojotsk y al Pacífico. Las otras expediciones comerciales descubrirán el lago Baikal y el rio Amur conectando a los rusos con la China recién conquistada por los machús[2]. La anexión de Siberia se tornaba más lenta, las colonizaciones campesinas retardaban el proceso debido al bajo nivel demográfico que registraba ese territorio. La amenaza polaco-lituana persistía y para hacerle frente era necesario el control del oeste de Ucrania (= “tierra de frontera” en ruso, en la lengua ucraniana significa “Patria”) que gracias al Tratado de Pereslavl de 1654 se haría efectivo y Ucrania ya no podría ser absorbida por los polacos. La otra preocupación de los zares sería el imperialismo sueco. La política exterior histórica de Rusia se fundamentó básicamente en dos preceptos; mantener el control sobre sus fronteras y continuar la ampliación del imperio.

Durante la consolidación de esta gigante empresa colonial el zarato acometió importantes  reformas internas a partir de 1650. Los Romanov supieron aprovechar el miedo a la anarquía y a la invasión, consolidaron su poder en detrimento de la Iglesia ortodoxa aboliendo el patriarcado ortodoxo y el Zemski Sobor prácticamente no tenía función. Estas reformas concluyeron en el cisma de los “viejos creyentes” entre el pope Nikon, partidario de la reforma religiosa, y el acripreste Avakum que abogaba por el mantenimiento de las tradiciones[3]. La prohibición de la práctica religiosa que defendía Avankum se mantendrá hasta el siglo XX.

Pedro I

Pedro el Grande llegó al poder en 1682 y revolucionó Rusia de tal manera que parece anticipar el pasaje que viviría el país a partir de 1917. El cambio de capital materializaría la muerte de la Rusia de Moscosvia, a la que odiaba; Pedro ordenaría la construcción de una nueva capital que se edificó bajo la sangre de los más de 30.000 obreros que perecieron en su construcción.

Pedro I

                               PEDRO I

La tercera Rusia iniciaba su andadura desde San Petesburgo. Este cambio refleja la audacia del monarca, el traslado de la capital al borde del Neva orientaba a Rusia hacia los mares. Pedro pensaba que el vasto territorio ruso ofrecería al Imperio la posibilidad de mantener dos flotas para ejercer el poder marítimo que tanto ansiaba la mayor potencia continental por excelencia[4].

Pedro concluiría la obra imperial de Iván IV, y llevaría a los rusos a una modernización forzada. El zar impuso bajo el terror y la coacción el ideal al que su pueblo debía aspirar: ser menos rusos y más europeos. Obligaría a sus súbditos a suprimir los vestigios que los identificaban con sus raíces e incluso los ridiculizaría, implantó la moda alemana, prohibió las barbas tradicionales e importó la cultura europea. Pedro abrió el camino para que una élite más moderna y joven se infiltrase en los resortes de poder, lo que supondría un “adelanto” cultural, político y social.

El zar reformó sus fuerzas armadas ,occidentalizando el ejército a través de una tabla de rangos, consolidando así el poder en la figura del soberano ruso. Para asegurar la fidelidad de la nobleza, les cedió parte de las tierras conquistadas.

El déspota diseñaría la nueva Rusia mediante una revolución desde arriba. Se hizo otorgar el título de latino de Imperator y sus ideas políticas con respecto al imperio eran de origen romano. Rechazó el nombre de su padre, y mandó atormentar a su hijo el zarevich Aleksei hasta que falleció, al considerarlo traidor de Estado por mantener la fidelidad en su fe ancestral.

En política exterior no realizó ninguna innovación, enfatizó los progresos en las direcciones tradicionales de sus predecesores: al este, al sur y al oeste. Su obsesión con Europa lo llevará a participar en el desarrollo de los acontecimientos que vinculaban a las grandes potencias occidentales.

Sus logros principales fueron: conseguir la salida al Mar Báltico y acabar con la amenaza sueca. En 1709 venció a la resistencia ucraniana del este e infligió una dura derrota a Carlos XII de Suecia en la batalla de Poltava. En 1712 termina la guerra con Suecia, el ejército de Pedro I entra en Alemania y llega a las tierras de Dinamarca, al no conseguir el apoyo de Francia en sus aspiraciones danesas, cederá ante las presiones del rey Jorge I de Inglaterra. La importancia de este movimiento hacia occidente radica en que Pedro rompió el equilibrio de Westfalia.

Las conquistas del Imperator en la frontera occidental de Rusia permitieron al zar triplicar sus ingresos gracias a la incorporación de Estonia y Ucrania, además triplicó su capacidad productiva.[5]

Las campañas de Pedro se desarrollaron por también en Oriente; en 1715 envía un destacamento a la región del Caspio, y diseña un protectorado sobre Georgia y Armenia. En 1723 se apodera de Bakú y fija su interés, aunque no lo consigue, en el Turquestán, más allá del Cáucaso.

[1] Los Romanov no eran eslavos puros, sus raíces provenían de los borusos y pertenecían a la familia de los letones y lituanos, contaban además con una gran influencia germánica cuando se produjo la mezcla de sangre con los rusos. Se unieron al soberano de Moscovia cuando aún pertenecían a la clase de los boyardos. Víd.: DE REYNOLD, Gonzague: El Mundo ruso, la formación de Europa, Emecé Editores S.A, Buenos Aires 1951, pp.171-172

[2]Víd.: DARWING, Jonh:El sueño del imperio, auge y caída de las potencias globales 1400-2000, Santillana Ediciones Generales, S.A., Madrid, 2012, pp 144-145.

[3] Víd.: WEIWÉ, Wladimir: Rusia Ausente y Presente. Emecé Editores, S.A, Buenos Aires 1950 p. 60

[4] GALLOIS, Pierre: Geopolítica, los caminos del poder, Servicio de Publicaciones del EME, Madrid, 1992, p. 449

[5] Un ejemplo del aumento de la riqueza del imperio gracias a estas anexiones era el nivel de los impuestos. La carga impositiva en 1710 suponía el 64 por ciento de la cosecha de grano, lo cual ofrece una medida de aproximada del producto nacional y también las duras condiciones en las que sobrevivía el pueblo ruso. Víd:  DARWING, John: op.cit., p. 148

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LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte III)

Moscovia, el nacimiento de los zares. Iván el Terrible

Moscovia asciende gracias a la destrucción de la Rus-Kiev, la Iglesia Ortodoxa era la única institución centralizada y presente en todo el territorio; su apoyo a los príncipes de Moscú se debe al deseo de ver erigido un poder central. La anarquía en la concluyó la primera Rusia tras la impronta del sometimiento mongol desató el caos y la Iglesia optó por apoyar a un nuevo poder central. Rusia contemplará la llegada de la revolución absolutista de Iván III e Iván IV y la servidumbre de los rusos. Comenzaría la “contradicción entre las libertades del pueblo y las exigencias del Estado[1]

El príncipe Iván I de Moscú  se valió del  apoyo mongol para conseguir el título de “Gran Duque de Moscovia”, en 1331, tras rechazar con ayuda tártara la incursión del Gran Ducado de Lituania convertido al catolicismo, conseguiría el apoyo de la Iglesia ortodoxa y la primacía de Moscovia en las regiones eslavas. Pero el verdadero destino de Rusia se hallaba entonces en las campañas llevadas a cabo por Tamerlán (1390-1396) en Asia Central. El caudillo Mongol considerándose el heredero de Gengis Kan dividió el territorio conquistado por la Horda de Oro[1] en los kanatos de Crimea, Astracán, Kazán y Siberia, aniquilando el sistema mongol.

Antes de la conmoción geopolítica engendrada por Tamerlán, los moscovitas ya habían aprovechado las divisiones de los mongoles en la década de 1380 consiguiendo la independencia de Moscovia en la batalla de Kuliokovo Polié[2]. A partir de 1440 el principado de Basilio II ya era independiente; comenzaba así la expansión rusa a través de Eurasia.

Para poder satisfacer sus anhelos imperiales, los duques de Moscovia tendrían que someter a los estados rusos ortodoxos, y mantener la seguridad en sus fronteras con Europa Central;  para poder hacer frente a la amenaza de la unión católica de Polonia y Lituania era necesario entrar en el sistema diplomático de Europa y encontrar aliados contra los polacos[3]. Rusia se involucra a partir de entonces en sistema de alianzas de los reinos europeos.

La competencia con la unión de Polonia-Lituania, tuvo un gran efecto en el interior de Rusia, y se materializó convirtiendo las tierras rusas anexionadas por Iván III en un estado dinástico al estilo de Europa. Las tradiciones del gran Novgorod desaparecían de la memoria de los soberanos rusos. Iván III se bautizaría a sí mismo en 1492 como “gran duque de Moscovia y todas las Rusias”[4] e iniciaría  un proceso de transformación interno militarizando el país e imponiendo disciplina de hierro. Iván III comenzó en 1487 el sitio de Kazán, y tras la conquista de Novgorod arribará al Mar Blanco y tendrá una pequeña ubicación temporal en el Golfo de Finlandia.

El emperador del Sacro Imperio Romano, Maximiliano I -padre del Emperador Carlos V de Alemania y I de España- reconoció a Iván III como emperador en un tratado entre sus respectivos estados, lo que auspició a que el soberano ruso se hiciese llamar por el título de “zar” que deriva de “césar” o emperador. El escudo de armas de los zares se concretaría en un águila de dos cabezas y “comenzó a ser conocido como el símbolo de una dinastía y un pueblo con vocación de poder y cada vez más aspiraciones geopolíticas[5]

En medio de la dinámica expansionista tendrá un lugar un acontecimiento fundamental para Rusia; el 29 mayo de 1453, Constantinopla caía bajo las huestes del Sultán otomano Mehmed II, muerto el último emperador ortodoxo, Moscú consagró su bautismo transformándose en la “Tercera Roma”, sede principal de la Iglesia ortodoxa. La Iglesia rusa fue la única comunidad ortodoxa que no cayó bajo dominación turca.

El nieto de Iván III e hijo del gran príncipe Vasili III, Iván IV fue el primer zar de todas las Rusias. Iván IV sería conocido en los siglos venideros con el sobrenombre de Grozny o Terrible. La infancia del joven zar marcará su carácter, huérfano a los once años[6], es testigo de las conjuras de los boyardos para arrebatarle el trono. Devorador de libros y con unos dones extraordinarios para el estudio, pasaría a ser uno de los moscovitas más instruido de su época. Macario el obispo metropolitano de Moscú, se encargó de su instrucción tras el asesinato del metropolita Ioasaf -su antecesor- casi delante de Iván. A principios de 1547 se hizo coronar zar de manera solemne, continuando el legado de su abuelo y reafirmándose como el heredero de los emperadores romanos de oriente.

Actor Nikolai Cherkasov protagonizando la segunda parte de Iván el Terrible de Serguei Eisenstein.

Actor Nikolai Cherkasov protagonizando la segunda parte de Iván el Terrible de Serguei Eisenstein.

Iván IV comprendido la esencia de la historia rusa, las invasiones que asolaron su patria le dieron la clave para consolidarse en el poder, para ello requería necesariamente la conquista de los territorios de sus enemigos y la colaboración con los boyardos, de los cuales dependía en última instancia la estabilidad rusa. Iván tenía claro que la expansión aumentaría la riqueza de Moscovia; para llevar a cabo este proyecto era precisa una alianza con los cosacos[7], este acuerdo sería de vital importancia para la conquista del kanato de Kazán, desde donde los mongoles habían conquistado numeroso pueblos.Tras la victoria en Kazán en 1552, el Zar anexionaría el kanato de Astracán en 1556 dominando la región del Volga, los boyardos se beneficiarían de las conquistas,convirtiéndose en los propietarios de las tierras y de los campesinos que las habitaban.

El sometimiento del kanato siberiano fue obra de la familia Stróganov. En 1577 los Stróganov iniciaron el imperialismo privado contratando al líder cosaco Yermak Timoféyeki para proteger sus tierras de los ataques de Kuchum, el Kan de Siberia. Yermak se dispuso a explorar un territorio, hasta ahora desconocido para los rusos, en busca del enemigo. Con un pequeño ejército derrotó a los pueblos tártaros que se cruzaron en su camino y arrasó la capital del kanato; poco después perdería la vida, pero su rastreo por la estepa descubrió para el zar las vías de acceso a la región siberiana. Finalmente Iván el Terrible promocionaría a los cosacos que concluirían la conquista de Siberia.Moscovia se fraguó en la gloria de las victorias pero también sufrió importantes derrotas militares.

Iván IV realizó importantes reformas internas, reformó el ejército para someter a los boyardos, creó un nuevo código penal, el Sudébnik; esta nueva legislación puede considerarse obra del Zemski Sobor, el parlamento que Iván IV convocó por primera vez en 1549. Con estas medidas reforzará el absolutismo gracias al cual la furia del monarca se desatará por todo el imperio, los boyardos serán su principal objetivo pero la sociedad padecerá un horror perfectamente comparable a las purgas de Stalin en los años treinta.

Tras sufrir la tradición de príncipe Kubski, su amigo de la infancia, en la guerra contra Letonia, Iván el Terrible anuncia su abdicación para comprobar si el pueblo le era fiel, cumpliendo sus expectativas, los rusos exigieron su vuelta. Iván accedió pero con ciertos requisitos, uno de ellos sería construir la opritchnina una fuerza defensiva a través de la que el propio zar gobernaría la mitad de Rusia; así creó dos estados paralelos: Zenchtnina y Opritchnina. Uno seguiría rigiéndose bajo las circunstancias anteriores a su partida y el otro bajo esta nueva guardia, que compartía los peores aspectos que caracterizaron a la Horda mongol.

La “opritchina” desencadenó definitivamente el terror, todo le estaba permitido; asesinó a 3470 boyardos y arrasó Novgorod realizando asesinatos en masa[8]. Todo el pueblo sufrió  la virulencia de aquel terrorismo de estado. Tras realizar diversas purgas dentro de la organización por las traiciones cometidas, la eliminó.

Iván el Terrible antes de morir abría la brecha del  período tumultuoso o “Smuta” que viviría Rusia hasta la llegada de los Romanov. La paranoia y el miedo de perder el poder, provocó que tras un altercado Iván IV asesinara al zarevich Iván Ivanovich, su primogénito.

Fiódor I, en segundo hijo de Iván IV, ocuparía el tono, pero la regencia de Rusia quedaría en manos de Boris Gudunov. Gudonov sería acusado de asesinar a Dimitri, el tercer hijo de Iván, para asegurase el poder de Rusia. Gudonov continuó con una política exterior extensiva y colonial. Tras la muerte de Fiodor la dinastía varega concluía su tradición de soberanos de Rusia; Gudonov sería elegido por el Zemski Sobor como nuevo Zar; pero los boyardos acabarían con su vida.

La “Smuta” o período tumultuoso puede divirse en tres fases: la crisis dinástica, tras la muerte de Fiódor;  el alzamiento de los “falsos zares” que no serían aceptados por el pueblo; el reinado del “falso Dimitri”, el supuesto hijo del zar Iván volvió a Moscú, su madre lo reconocía como tal, pero el matrimonio de Dimitri II con una católica desembocaría en una crisis y la guerra civil y la intervención extranjera.

La segunda Rusia se hundía durante los reinados de los predecesores de Pedro I, Miguel, Alexis y Fédor. Lo más resaltable de este período a nivel interno es la pérdida de poder del Zemski Sobor, y el advenimiento de un autoritarismo de tipo europeo. A nivel exterior continuarán acrecentando el territorio.

[1]FULÁN, Luis Fernando: “Crimea y la herencia del almirante Gorshkov” en: Instituto Español de Estudios Estratégicos, IEEE, 10 de julio de 2014, p.6.

[2] DARWING, John, op.cit., p.89

[3]Gran parte de la historia rusa posterior discurriría sobre este delicado equilibrio entre el legado diferenciador bizantino, encarnado por la Iglesia ortodoxa rusa, y los préstamos culturales de Europa central y occidental, dictados por la necesidad política y económica” DARWING, John: op,cit., p. 90.

[4] Ibíd. p. 90

[5]CRESPO MACLENNAN, Julio: Imperios, auge y declive de Europa en el mundo, 1492-2012, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2012, p.119

[6] La madre de Iván IV fue envenenada por los boyardos, y tomaron el poder hasta que a los 16 años el joven zar se independizará y reinará autoritariamente. Su paranoia aumentará tras la muerte de su esposa, atemorizado por la posibilidad de perder el poder, los boyardos serán blanco de su irá: Su hijo. Vid.: DE REYNOLD, Gonzague: op. cit., pp.145-146

[7] Los cosacos eran un pueblo nómada, no se sometían a la voluntad del estado o de un soberano; eran guerreros temidos y se convertirían en uno de los principales símbolos del expansionismo ruso. Napoleón afirmó que “Los cosacos son las mejores tropas ligeras. Si las tuviera en mi ejército, daría la vuelta al mundo con ellos” CRESPO MACLENNAN, Julio: op.cit., p. 120

[8] POLIAKOV, León: op.cit., p.36.

[9] Los Romanov no eran eslavos puros, sus raíces provenían de los borusos y pertenecían a la familia de los letones y lituanos, contaban además con una gran influencia germánica cuando se produjo la mezcla de sangre con los rusos. Se unieron al soberano de Moscovia cuando aún pertenecían a la clase de los boyardos. Víd.: DE REYNOLD, Gonzague: op.cit., pp.171-172

[1]Ibíd. p.129

LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte II)

El comienzo de la Rusia Antigua

Los orígenes políticos de Rusia resultan complejos de situar, la clave del problema está en el estudio de los asentamientos urbanos más antiguos cuyas fases primigenias son muy poco conocidas por las fuentes históricas. Las tribus que se repartían el territorio del futuro estado ruso eran: eslovenos, polianos, drevlianos, dregoviches, viatiches, severianos y radimiches, entre otras. En el siglo IX comienzan a desarrollarse numerosas metrópolis, siendo las ciudades más importantes; Novgorod, Pereiaslalv, Chernigov, Smolesk, Palotsk, Vladimir y Kiev[1], a estas sociedades urbanas se unirán los varegos, un pueblo proveniente de Escandinavia. En el año 839 el príncipe varego Riúrik iniciará la unión de estas ciudades proyectando su influencia desde Novgorod, en el Norte, hacia Kiev.

La Crónica de Néstor o Narración de los tiempos pasados es una referencia esencial sobre la configuración de la antigua Rusia en una entidad proto-estatal, aunque su análisis sobre el origen del estado ruso no está exento de discusiones, debido a su carácter mítico y a sus fines políticos[2]. Escrita en el siglo XII, cita a dos personajes principales, que gobernaron conjuntamente Kiev, Askold y Dir. Ellos serían quienes que iniciaron la tendencia expansionista rusa con el intento de invasión a Constantinopla en el 860.

En el año 882 Oleg, el hijo de Rúirik, reemplazó el gobierno conjunto instaurando la dinastía Rúrikovich y constituyendo así el primer proyecto de unión rusa. Los príncipes de Kiev delegaron la regencia de las ciudades más importantes (Pereiaslalv, Palotsk, Vladimir…) a los miembros de su familia, quedando Kiev y Novgorod bajo su autoridad. Cada uno de los territorios contaría con su séquito castrense, druina, y su vietche o consejo. La druina se transformaría posteriormente en la particular nobleza rusa, los boyardos[3]. Debe mencionarse la importancia de Nóvgorod, cuya base económica era el comercio y por este motivo sería el núcleo mediante el cual la primera Rusia incipiente se relacionaría con Europa[4].

El estado kieviano fue el primer estado eslavo del Medievo, su inestabilidad se debió una política territorial imprudente y a su estructura descentralizada. Antes de estar afianzado comenzó las incursiones hacia Irán septentrional desde el año 910, y repitió la experiencia de Constantinopla intentado hacer efectiva una segunda invasión contra Bizancio.

La verdadera consolidación de Rusia tendrá lugar a partir de dos hechos; en el año 980 la ciudad de Vladimir sometió a Polotsk[5] dando lugar a la adopción de un nombre nacional, Rus, ocho años más tarde el príncipe Vladimir I el Grande, en pleno apogeo de la Rus-Kiev, decidió la conversión de su pueblo al cristianismo ortodoxo de Constantinopla. Esta decisión marcará un desarrollo histórico al margen de Occidente.

En la Crónica de Néstor se refleja el carácter pacífico de la política exterior de Vladimir I, con los rasgos propios de una “utopía cristiana”[6]. El príncipe mantenía relaciones pacíficas con sus vecinos polacos, húngaros o  bohemios. La anarquía interior tiene que ver con el misticismo de su interpretación religiosa y el temor a la comisión de pecados, de ahí su tibia autoridad en el plano interno de Rus. En este caso la mística de Vladimir I es el reflejo del carácter que el pueblo posee.

La Cruzadas cambiaron las rutas comerciales del Dniéper, así llegó el declive de la Rus-Kiev, que al final del siglo XII empezó a dividirse en varios territorios independientes cuyas autoridades auspiciadas por la nobleza boyarda se negarán a seguir pagando tributo a Kiev. La rivalidad entre la autoridad de Kiev y otros estados rusos como los de Smolenks y Novgorod, fue aprovechada por la Horda de oro de Batu Kan[7] que terminaría invadiendo Rusia y la excluirían del Renacimiento que surgía en Occidente. Solo quedarían Kiev y Novgorod como regiones independientes aunque vasallas del kanato de la Horda de Oro con capital en Sarai.

La invasión mongol fraguó en las comunidades eslavas ortodoxas “un sentido de comunidad, una energía y una finalidad decisivos a la hora de liberarse el yugo tártaro (los tártaros eran musulmanes suníes de habla turca, cuya numerosa presencia en las huestes mongoles ha hecho que su nombre sea intercambiable con el de los mongoles) y hacer acopio de grandes extensiones de territorio en los últimos siglos”[8]. Durante el período de dominación mongol el carácter de los rusos desarrolló una “mayor tolerancia frente a la tiranía y fueron mortificados con un temor paranoico a la invasión de sus fronteras[9]. El pueblo ruso quedaría impregnado de la barbarie mongol, Karl Marx sintetizó la desgracia nacional que significó para Rusia los más doscientos años de domino de los tártaros: “Moscovia, de la que Rusia no es más que una metamorfosis, nació del barro sangriento de la esclavitud mongol y no de la gloria ruda de la época normanda. El yugo tártaro pesó sobre Rusia durante más de dos siglos; un yugo que no sólo fue opresor sino también deshonroso, y que quejó marcada el alma del pueblo…”[10].

A la invasión de oriente hay que añadir la cruzada de la Orden Teutónica de Lituania (la Rusia Blanca), en 1242, que trató de conquistar en Norte de Rusia a través de Europa Central, en este caso el mítico Alexadr Nevski de Novgorod[11] mediante una alianza con los mongoles logró frenar a los caballeros teutones y defender sus dominios, recibiría el título de “príncipe de todas las Rusias” de mano de Satak, nieto de Batu Kan convertido al cristianismo nestoriano. Alexardr Nevski fue la referencia que transformó el norte de Rusia en el núcleo de la identidad nacional[12].

La caída de Rus-Kiev trasladó el núcleo de pueblo ruso a Moscovia, una población situada al norte, rodeada de ríos caudalosos y bosques espesos; otro destino de los emigrados fue Suzdalia, que mantuvo vínculos más sólidos con la idiosincrasia de Kiev. Andrés, hijo del primer príncipe de Suzdalia, sería el precedente de los próximos soberanos rusos: “de él descienden los zares de Moscú; y con él aparece, en la historia rusa, un nuevo tipo de príncipe…Es un soberano político, ambicioso, de humor inquieto e imperioso, que va a su objetivo sin piedad ni escrúpulos[13]. Estas ubicaciones eran más adecuadas para repeler los posibles ataques de mongoles y tártaros. A pesar de la invasión, los soberanos de Moscovia mantuvieron sus lazos con el Imperio Bizantino, conservando con esta vinculación una clara vocación occidental.

[1]MUSSET, Lucien: Las Invasiones, el segundo asalto contra la Europa Cristiana, Editorial Labor S.A., Barcelona, 1982, p.50

[2]HITA JIMÉNEZ, José Antonio: “Sobre los orígenes de Rusia y la crónica de Néstor” en: Estudios de Historia Medieval, nº 18, 2001

[3]Los boyardos son un tipo de nobleza particular, no comparten las características de la nobleza europea, no serán fieles a los monarcas y buscarán sus propios intereses sin pensar en la necesidad de la unidad nacional. GARCÍA MARTÍN, Pedro: De Moscovia a Rusia, LEER-E, 2006, p. 45.

[4] DE REYNOLD, Gonzague: op.cit., p 108

[5]Víd.: MUSSET, Lucien: op.cit., p.52

[6]CHIZHEVSKY, Dmitri: Historia de Espíritu Ruso, La Santa Rusia, vol.I Alianza Editorial, Madrid, 1967, p. 44.

[7]Los estados rusos de la taiga o zona boscosa se convirtieron en vasallos del kanato de la Horda de Oro uno de los cuatro sucesores del Imperio Mundial de Gengis Kan en 1259”. DARWIN, John: El sueño del imperio, auge y caída de las potencias globales 1400-2000, Santillana Ediciones Generales, S.A., Madrid, 2012. p 89

[8] KAPLAN, Robert: La venganza de la geografía, cómo los mapas condicionan el destino de las naciones, RBA Libros S.A., Barcelona, 2013, p. 208

[9]MARCH, Patrick G.: Eastern Destiny: Russia in Asia and the North Pacific, Praeger, United States, 1996, p.14

[10] Karl Marx citado en: POLIAKOV, León: De Gengis Kan a Lenin, Muchnik Editores, Barcelona, 1987, p. 21

[11]Alexandr Nevksi  ya había derrotado con anterioridad  la invasión del ejército sueco (1240) cuando la Orden Teutónica trató de conquistar Rusia. Alexadr Nevski  es todo un símbolo nacional de Rusia, ha sido canonizado por la iglesia ortodoxa en 1547. Víd.: RUÍZ GONZÁLEZ, Francisco J.: “Las claves de la política exterior y de seguridad de la Federación Rusa: “Oportunidades para España” en: Instituto Español de Estudios Estratégicos, Diciembre de 2010, p.7.

[12]FERNÁNDEZ RIQUELME, Sergio: “Rusia como Imperio. Análisis histórico y doctrinal” en: La Razón Histórica, nº 25, 2014, p. 130.

[13]  Patrick Rimbaud citado en: DE REYNOLD, Gonzague: op.cit., p.116