Revolución Rusa

LA PROYECCIÓN EXTERIOR DE LA FEDERACIÓN RUSA, LOS FUNDAMENTOS

La etapa inicial de la actual Federación Rusa  fue un período caótico, hubo cambios muy significativos en la organización estatal que dificultaron la concreción de un programa de acción exterior. Se ampliaron los contactos internacionales tras las apertura del país y tuvo lugar un aumento de la actividad  internacional de las administraciones regionales rusas. Necesitaban mantener su vínculo con aquellos territorios que ahora eran el extranjero.

Desde el Kremlim se llevó a cabo la desarticulización del aparato de propaganda soviético destinado a elaborar la imagen de la URSS fuera de sus fronteras; el país debía renacer y los nuevos tiempos exigían instituciones nuevas y también nuevos métodos para relacionarse con el mundo.

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En plena discusión sobre el camino que debería tomar el estado ruso en sus relaciones internacionales, surgen distintas corrientes políticas, en ellas se refleja en eterno debate de Rusia, entre Occidente y Oriente. Había que decidir cual debería ser el papel de Rusia en el nuevo sistema unipolar.

Las principales concepciones sobre la política exterior rusa son[1]:

Atlantista u Occidentalista: Este grupo afirma que Rusia es Europea; los atlantistas entienden que su páis debe tomar la vía de la integración hacia la economía mundial y  la comunidad de estados democráticos. Rusia debe ser europeizada para superar el atraso político, social y económico. El objetivo en política exterior debe ser articular una buena relación con Occidente, la incorporación a los principales organismo internacionales, y la consolidación de un entendimiento con Europa que le permita cooperar mutuamente.

Neoeruasiática: Su premisa es que Rusia no es ni Occidental ni Oriental, sino un puente entre ambos, invoca la visión mesiánica del país como el equilibrador entre las civilizaciones. Sostienen que el encuentro entre Europa y Eurasia es fundamental para el porvenir de la humanidad, la posición geopolítica de Rusia tiene mucho ver en este aspecto. La desintegración de la URSS ha traído consigo una crisis en la civilización euroasiática. La dirección de Rusia en política exterior debe dirigirse hacia Oriente. En Asia y el Pacífico está la solución, pues solo así podrá recuperarse y volver al status de gran potencia; aceptan la práctica de la cooperación con Occidente.

Nacionalismo ruso: Se oponen al atlantismo, son antioccidentales, manifiestan que tras la finalización de la Guerra Fría la única superpotencia que queda en pie son los Estados Unidos, este hecho influye de manera negativa en las relaciones internacionales. Rusia no debe integrarse en la economía  mundial y tiene que centrar su política exterior en el Tercer Mundo. Las aspiraciones que propugnan los atlantistas son calificadas por este grupo como una catástrofe nacional. Proclaman que Europa siempre fue enemiga de Rusia y que ahora trata de destruirla con las armas modernas: la democracia y los derechos humanos.

Realismo ruso: Es una concepción heterogénea,  donde hay elementos occidentalistas y  componentes geopolíticos que se muestran en la corriente del neoeurasianismo. Sostiene que Rusia debe adaptarse a la situación internacional que se está desarrollando de manera pragmática y realista. Los realistas apuestan por una política “flexible y equilibrada entre los centros de fuerza y la activa reestructuración de las relaciones que convengan a Rusia”[2]

[1]Víd: LAZÉBNIKOVA, Olga: “La política exterior de Rusia ante Occidente” en: Cuardernos del Este, nº 15, 1995, pp. 101-110

[2]Ibíd. p. 106

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LAS IMPLICACIONES INTERNACIONALES DE LA REVOLUCIÓN RUSA

LA SEXTA GRAN POTENCIA

Bien podría formularse la pregunta de por qué la política internacional no revolucionaria debería considerarse más normal que la revolución, dado que en la historia de la sociedad internacional ha estado divida bastante equitativamente entre las dos”[1]

El siglo XX ha sido definido por la filósofa alemana Hannah Arendt como un tiempo que se configuró entre las revoluciones y las guerras, sin embargo la disciplina de las Relaciones Internacionales no ha prestado tanta atención a las primeras como a las segundas[2].

Las Relaciones Internacionales comenzaron el estudio de la guerra con la creencia de que esta se debe a “una agresión decidida racionalmente por los Estados y no como la internacionalización del conflicto social”[3].El desarrollo teórico de la disciplina tras la incorporación de una visión anglosajona de la ciencia política ha confirmado esta tendencia[4].

Martin Wight entiende por revolución una transformación violenta del régimen dentro de un estado; añade que las repercusiones de esta a escala internacional no son accidentales,  más bien ilustran  un cierto grado de unidad en el sistema internacional, así, los cambios  que se den en un determinado estado se volverán una cuestión de interés para el resto de potencias. Estas revoluciones  no solo pretenden transformar el propio estado, están vinculadas a una serie de movimientos organizados que tratan de cambiar a la sociedad internacional como un todo[5].

Una vez configurado, el estado revolucionario, planteará un reto al sistema internacional;  parte de la política exterior de estos versará sobre un cambio en las relaciones  sociales y políticas con otros países, se considerarán con derecho y obligación de conducir sus políticas exteriores[6].

Toda revolución internacional genera una contrarrevolución, “la historia del mundo desde el fin de la guerra mundial hasta fines de la década de los ochenta fue en buena medida, aunque no exclusivamente, la historia de las respuestas del sistema internacional a la revolución[7] derivando en un conflicto intersistémico[8] conocido como  Guerra Fría.

La República Socialista Federativa Soviética de Rusia en plena concordancia con su naturaleza de estado revolucionario ha pretendido transformar el marco de las relaciones internacionales desde su fundación en 1922. La misión mesiánica de Rusia  mutó su  esencia religioso-ortodoxa para  renacer  bajo la máxima del internacionalismo proletario.

La URSS en 1922

La URSS en 1922

La  Revolución de Octubre tuvo su influencia innegable en  los dos niveles de análisis del fenómeno internacional; macrointernacional,  en su aspiración para alcanzar la revolución proletaria mundial en sus primeros años, como a nivel  microinternacional, basándose en el estatus autoproclamado de la URSS como guía de la revolución mundial la cual se alcanzaría a través de su política exterior, esta era la premisa, al  menos en teoría.

El nivel macrointernacional abarca las cuestionen concernientes a la sociedad internacional, es decir, analiza  las teorías que conciben las relaciones internacionales como un conjunto de interacciones de muy diversas clases y se ocupa del estudio de la naturaleza de esas interacciones  y su relación entre sí. El nivel microinternacional se centra en el análisis de los diferentes miembros que participan en la sociedad internacional. “Incluye la organización interna, los procesos de decisión y las formas de actuación o relación de algún actor internacional o de un reducido número de ellos”[9], cuando se desciende al nivel microinternacional, la política exterior de los estados es uno de los principales asuntos a abordar pues es el núcleo donde convergen la vida nacional y la realidad internacional. El politólogo estadounidense Kenneth Neal Waltz, en la misma línea argumental, aprueba esta división analítica distinguiendo entre las teorías reduccionistas y sistémicas; las primeras se “concentran en las causas a nivel individual o nacional”, y las segundas “conciben las causas a nivel internacional[10].

REFERENCIAS

[1] Martin Wight citado en: HALLIDAY, Fred: Las relaciones internacionales en un mundo en transformación, Los libros de la Cátara, Madrid, 2002, p.165

[2] Ibíd. p.157

[3] La tradición anglosajona en las relaciones internacionales es eminentemente realista, con lo que sólo observa el nivel microinternacional al ser los estados los principales actores de la sociedad internacional, los procesos macrointernacionales no son fundamentados teóricamente por esta tendencia. Ibíd. p.158

[4] Los realistas consideran a las revoluciones como un cambio de los intereses del estado y de su política exterior, un desequilibrio entre en el sistema internacional que debe ser controlado, el nivel macrointernacional no es analiza en la teoría realista clásica; para los behavioristas las revoluciones “forman parte del espectro de la violencia, y como los virus, pueden difundir la transnacionalidad, pero esta violencia se concibe en términos psicológicos”. Serán los materialistas históricos, y en concreto Marx el que critique los supuestos decimonónicos del equilibrio entre las cinco potencias advirtiendo que este sistema será barrido por “la sexta gran potencia: la revolución”. Fred Halliday hace un recorrido por las principales teorías de las Relaciones Internacionales para demostrar la poca implicación de estas en el estudio de las revoluciones internacionales. Ibíd. p.164 y ss.

[5] WIGHT, Martin: A política do poder , Editora Universidade de Brasilia, Sao Paulo 2002, p.122

[6]HALLADAY, Fred: op.cit. p.170.

[7]Ibíd. p.167

[8] “El conflicto intersistémico es una forma específica de conflicto interestatal e intersocietal, en que a las formas convencionales de rivalidad -militar, económica y política- se les suma una discrepancia global de normas políticas y sociales, lo que suele prestarles legitimidad (…) la cuestión del conflicto intersistémico está casi ausente de la discursión sobre la guerra fría”  Este conflicto solo se solventará con la exclusión de uno de los dos modelos. Ibíd. p. 210.

[9]Víd: CALDUCH, Rafael: Relaciones Internacionales, Ciencias Sociales, Madrid, 1991, p.31; REYNOLDS, Philip Alain: Introducción a la Política Internacional, Tecnos, Madrid, 1977, p. 16.

[10]WALTZ, Kenneth Neal: Teoría de la política internacional, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 1988, p. 33

El MARXISMO DE LENIN Y SU PROYECCIÓN EXTERIOR

“El Estado es el arma de represión de una clase sobre otra” Lenin

El agotado sistema zarista dio su último coletazo durante el Domingo Sangriento (el 22 de enero de 1905).  Cuando el padre Gapón organizó a los obreros  de San Petersburgo frente al Palacio de Invierno del Zar Nicolás II para solicitar reformas democráticas la repuesta del soberano se concretó en balas para los manifestantes.

La pérdida de Guerra contra Japón,  la influencia de las  ideas de la intelligenzia,  la falta de legitimidad del poder del Zar, y  la situación que el pueblo ruso había soportado durante toda su historia, fueron los factores determinantes  para la llegada de la Cuarta Rusia, la  Rusia de los rusos. El régimen soviético terminó siendo una analogía, salvando las distancias, del sistema zarista;  pues como relata Gonzague de Reynold: “una minoría que se ha adueñado de Rusia para organizarla según su plan (…) pero con la diferencia de que los nuevos conquistadores ya no son de origen extranjero; provienen de pueblos sometidos por el régimen precedente. Ellos empezaron por incitar a esos pueblos a la rebelión; ahora, los dominan, los oprimen, pero son ellos”[1]

Cada una de las Rusias anteriores se fundamentó  en una doctrina concreta de absolutismo; la Rusia de Moscú se fundamenta sobre la teología bizantina y la autocracia zarista , la de San Petesburgo sobre la filosofía, las luces y el despotismo ilustrado y la de los Soviets se asienta sobre el materialismo histórico y la dictadura del proletariado[2]; se da un refuerzo manifestado por la historia mediante el cual el mismo tipo de régimen pervive revestido con adecuaciones a la época, mientras el pueblo lo sufre y paga el alto precio de la revolución.

La Revolución se asentó en la visión que Vladimir Ilich Ulianov Lenin extrajo de la teoría marxista[3]. “Los revolucionarios encontraron en la teoría marxista una radicalización altamente conveniente para sus propios deseos instintivos. Les aportaba una justificación pseudocientífica a su impaciencia, a su negativa categórica a que existiera cualquier valor en el sistema zarista, a su anhelo de poder y de venganza y a su inclinación a tomar atajos en busca de este.[4]

Lenin disfrazado de obrero

Lenin disfrazado de obrero

Lenin creó una organización revolucionaria, el partido de nuevo tipo, sobre el que sustentaría el peso de la revolución, esta organización o  Partido debía inculcar a las masas proletarias “la conciencia socialista”; invirtiendo así la doctrina marxista de la autoemancipación del proletariado, y decantándose por la visión de Kautsky[5];  según la lógica del marxismo una revolución no se puede planear, se hace.[6]

La nueva élite rusa diseñó su propio modelo estatal mediante el cual se aseguraba el poder  y se aferraba a la ideología comunista como justificación. Plejanov sentenciaba  que  un partido marxista en Rusia  “no concederá libertades a nadie excepto a nosotros, solo la clase obrera gozaría de esas libertades y bajo la dirección de camaradas que han entendido bien la teoría de Marx y que deducen de ellas las conclusiones exactas[7]. Lenin concibió el socialismo como un asunto de  una élite dirigente, fundamentándose en la dictadura del proletariado, aunque exigió “que para mayor seguridad de la  dirección del trabajo  colectivo, era precisa la subordinación de la voluntad de miles de hombres a la de uno solo”[8]  de esta manera Lenin volvió a derribar la teoría marxista de autoliberación espontánea del proletariado.

Rusia vivirá bajo el mando de una nueva élite revestida de libertadora del pueblo, valiéndose de él para desatar la anarquía y aniquilar a la tercera Rusia. Lenin preparó el camino para que  el georgiano Josef V. Dzhugashvili Stalin gobernase lo designios del país. La ideología comunista rusa se convirtió en la religión obligada del pueblo, ahora bajo el mando de una nueva clase política.

De nuevo aparece la contradicción en Rusia, la marcha hacia el imperio se afianza y el desorden interno se vuelve casi insoportable, concretamente en los años treinta,  cuando las purgas de Stalin y su obsesión con la modernización forzada desgastaron aún más al pueblo.

Cuando el Partido de Lenin tomó el poder en 1917 no existía un programa concreto sobre la política exterior, los bolcheviques estaban convencidos de que la revolución mundial era inevitable debido a la fase imperialista en la que se encontraba en sistema capitalista. O por lo menos ese era el pronóstico de Lenin.

Lenin en la Plaza Roja el 1º de Mayo de 1919

Lenin en la Plaza Roja el 1º de Mayo de 1919

Vladimir Ilich adoptó la teoría de la “coexistencia pacífica” y  Rusia se convirtió en la guía para que los demás partidos comunistas iniciarán la Revolución en sus respectivos países. El estado soviético intentaría asegurar su supervivencia como principal objetivo de su política exterior y tuvo una actitud pacifista frente a otros estados, la urgencia de la revolución mundial pasó a un segundo plano. Esta tendencia se vio reforzada con un “conservadurismo que sobreviene naturalmente en todos los movimientos políticos después de que se ha adquirido y retenido el poder por un período determinado, por el cual el interés  de mantenerse en el poder del propio Estado-nación comienza a primar sobre la idea inicial de la revolución mundial[9].

El Partido Bolchevique siempre se opuso a la entrada de Rusia en la Primera Guerra Mundial, el Comité Central decidió, cuando estuvo en el poder, acordar la paz con Alemania mediante el famoso Tratado de Brest-Litovks en 1918, lo que supuso grandes pérdidas territoriales para Rusia y el aislamiento de la Comunidad Internacional. “Lenin y los bolcheviques comenzaron su reinado no solo como un partido pacífico, si no virtualmente como un partido que defendía la paz a cualquier precio”[10] La guerra civil y la destrucción de las estructuras productivas del país obligaron a Lenin a implantar de nuevo un pseudocapitalismo: Nueva Política Económica (NEP) para poder sostener el estado.El comunismo de guerra, fue nefasto para la estructura productiva del país, de nuevo el pueblo se sacrificaba en pro de la élite que quería gobernarlos.

Polonia atacó Rusia en 1919 durante su guerra civil, Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania declararon su independencia nacional; a partir de este momento la política exterior de la URSS se vincularía a la recuperación de sus fronteras anteriores antes de la Primera Guerra Mundial.

La política externa de esta primera etapa, igual que la de los zares, trataba de abarcar sus fronteras occidentales pero también las orientales. Los comunistas rusos impulsaron en 1920 el Congreso de los Pueblos de Oriente que sirvió para vincular a los bolcheviques con los movimientos de liberación de las colonias asiáticas. Uno de los organizadores del Congreso, Zioviev, sentenciaba: “la verdadera revolución estallara solamente cuando los ochocientos millones de asiáticos se unan a nosotros (…) debemos emprender una verdadera guerra santa contra los capitalistas británicos y franceses”[11] El calado de estas ideas tuvo un gran éxito en las zonas controladas por el imperio británico y permitió a la Unión Soviética mantener un comercio fluido con Turquía o Irán.[12]

La prematura muerte de Lenin dejó un vacío de poder en el Partido y condenó a Trotski al exilio y la muerte, la Secretaría General  fue ocupada tras diversas pugnas internas por Stalin; este sería junto a Churchill y Roosevelt el arquitecto de la Europa de bloques.

El camino hacia la revolución duro casi un siglo, en el gran siglo ruso se encuentran los orígenes de la Cuarta Rusia.

REFERENCIAS

[1]DE REYNOLD, Gonzague:El Mundo ruso, la formación de Europa, Emecé Editores S.A, Buenos Aires 1951,p. 379.

[2] Ibíd. p. 391.

[3] El marxismo ruso surgió fundamentalmente en Europa Central,  una comunidad  de emigrados rusos fundó en Ginebra la llamada asociación Emancipación del Trabajo, este primer grupo marxista apareció en 1883, el año de la muerte de Karl Marx. Guerguei V. Plejanov formó parte de él y fue una delas principales influencias de Lenin. Víd: RUBIEL, Maximilien: Stalin, Ediciones Folio S.A., Barcelona, 2004, p. 20.

[4] KENNAN, George F.: “Las fuentes de la conducta soviética” en: KENNAN, George F.: Las fuentes de la conducta soviética  y otros escritos, Grupo Editorial Latinoamericano, Buenos Aires, 1991 pp.129

[5] Íbid. p. 25

[6] Víd.:ULAM, Adam B.: Los bolcheviques, Ediciones Grijalbo S.A., Barcelona-Mexico D.F., 1969, p.152

[7] RUBIEL, Maximilen: op.cit. p.19

[8] Ibíd. p.14

[9]ROTHBARD, Murray: Hacia una nueva  libertad, Grito Sagrado, 2005, Buenos Aires, p.328

[10]Ibíd. p.329

[11]DE LA GUARDIA, Martín: “La revolución soviética y su impacto internacional. La URSS (1917-1929)” en: PEREIRA, Juan Carlos (coord.): Historia de las Relaciones Internacionales Contemporáneas, cap. 13, Ariel, Barcelona, 2009, p. 310.

[12]Ibíd.

LOS INVADIDOS SE CONVIERTEN EN CONQUISTADORES (Parte V)

El final de una dinastía

Catalina II (1762-1796) fue la gran continuadora de la obra imperial de Pedro I, la princesa alemana  se esforzó por dejar de ser extranjera e impregnarse del carácter ruso. Trató de impulsar la creación de instrucción pública y la reforma de la administración para fomentar la creación de un poder local y provincial. Ella misma redacto una legislación, el Nakaz”que empeoraba aún más las condiciones de  servidumbre de los rusos construirá la Universidad de Moscú y bajo su reinado irrumpe el periodismo en el imperio permitiéndose incluso la crítica social.Catalina impulsó el teatro y la música rusa, los literatos protegidos de Catalina serán Derjavine y Karamazin[1] y la creación más importante de ese tiempo fue la lengua literaria rusa. Catalina escribe con  Enciclopedistas de la talla de Diderot y potenciará la cultura del país.

Catalina II

Catalina II

En esta época Rusia dejará de ser un destino exótico y poco conocido para Europa, la emperatriz trató de que las ideas Europeas del XVIII penetrasen en el Imperio. Las influencias europeas en Rusia provenían de Francia en el ala cultural y Alemania en el terreno político.

Rusia compartía ya la dinámica de Europa, pero Catalina no quiso comprometer a su ejército en los asuntos del viejo continente, sin embargo apostaba por el entendimiento con el Imperio de Austria-Hungría y Prusia. Estas tres potencias se repartirán Polonia en 1772. Desde territorio polaco y a través del Tratado de Kuchuck Kainardji firmado en 1774 conseguirá establecer un punto estratégico en el Mar Negro. Crimea les será arrebatada a los otomanos en 1784, y estos emprenderán una guerra para recuperar sus territorios, Catalina saldrá victoriosa, y fundará Odessa.La emperatriz desarrollo la idea del “proyecto griego” retomando la idea de cruzada contra Constantinopla y la construcción del “Sacro Imperio greco-eslavo”, la ideología paneslavista tendrá su origen aquí.

Los zares del  siglo XIX fueron: Pablo I, Alejandro I, Nicolás I, Alejandro II, Alejandro III y NicolásII.
Alejandro I llevó a cabo la campaña contra la invasión de Napoleón al cual derrota, esta victoria  lo había situado como referente de la resistencia del Antiguo Régimen y lo catapulto a la gloria de Europa. Participó en la Santa Alianza mediante un tratado con Austria y Prusia, para tratar de recuperar a Europa del fervor revolucionario de los jacobinos. Tras el Congreso de Viena en 1815 anexionaría parte de Polonia, Besarabia y Finlandia. Este zar integró la totalidad de Georgia al  Imperio ruso en 1810.

Alejandro II tuvo que hacer frente a la guerra de Crimea, -la primera que se contó en los periódicos de la época- frente a la alianza entre franceses, otomanos e ingleses y al surgimiento del terrorismo nihilista contra el zarismo. Abolió la Servidumbre y el día que iba a promulgar un decreto para la creación de una constitución lo asesinaron los grupos terroristas, acto gracias al cual la revolución tuvo su oportunidad.

Nicolás II  fue el último zar, su derrota en la guerra contra Japón por el control de Manchuria fue un duro golpe psicológico para toda la nación,  la intervención en la I Guerra Mundial supuso un alto coste al pueblo ruso que ya ha había sufrido el golpe devastador del Domingo Sangriento en la Revolución de 1905.Con él yace la Tercera Rusia, el útimo sobernado de todas las Rusias no sobrevivirá para ver la cuarta.

El último Zar de todas las Rusias, Nicolás II

El último Zar de todas las Rusias, Nicolás II

La política exterior de los zares del XIX fue expansionista y también defensiva frente a las coaliciones occidentales que intentaron  frenar el avance del Imperio Ruso, quizás en este momento surge el temor en los estados occidentales a una invasión rusa en Europa.

Los zares que reinaron en el siglo XIX consiguieron grandes anexiones territoriales y fueron continuadores de la lógica expansiva de sus predecesores: llegaron al continente americano a través del estrecho de Bering y colonizaron Alaska, que posteriormente sería vendida a los Estados Unidos de América. El desencadenamiento de las guerras del siglo XIX permitieron que Rusia estuviera presente en los cinco continentes durante mayor o menor tiempo: Por Arthur (China, 1898-1905), Fort Ross (California 1812-1848), Kuai (Hawaii 1818-1819) Catarro (Montenegro, desde 1806 hasta el Tratado de Tilsit en 1807 cuando Nicolás I y Napoléon Bonaparte daban por acabada la guerra entre Rusia y Francia), en 1889 una pequeña expedición rusa llegaría a Somalia, posteriormente se retiraría.

El imperio ruso llegó a abarcar el actual territorio de Rusia y Ucrania. Bielorrusia, una parte del Polonia, Besarabia en Moldavia, la región del Cáucaso, Finlandia, la mayoría de Asia central y una parte de Turquía.

El Ancien Régime se mantenía en el país y aunque la modernización estaba en ciernes, nunca se cumpliría pues en 1917 tal y como redactó el magnífico periodista John Reed en su crónica sobre la Revolución bolchevique, Rusia estremeció al mundo. Otra revolución ha llegado y Vladimir Ilich Ulianov Lenin se pone a la cabeza de los Sóviets, se acaba la Rusia de San Petesburgo y Moscú recupera su trono, la cuarta Rusia es la primera de los rusos y rompe de nuevo con el período anterior en la política interna, aunque sus relaciones exteriores seguirán ciertas líneas de período zarista en su doble orientación hacia oriente y occidente.

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[1] Víd.: WEIDLÉ, Wladimir: Rusia Ausente y Presente. Emecé Editores, S.A, Buenos Aires 1950, p. 62